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	<title>El Diario Friki de Animetrixx</title>
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		<title>El Diario Friki de Animetrixx</title>
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		<title>Mi primer Fanfiction</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2009 01:57:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>anmtrxx</dc:creator>
				<category><![CDATA[Animetrixx]]></category>
		<category><![CDATA[fanfictions]]></category>
		<category><![CDATA[AI Love You]]></category>
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		<description><![CDATA[Saludos, pequeña alma ociosa que, por azares del destino, ha llegado hasta este rincón, espacio gobernado por esta pobre alma en pena. Hoy, tras fijarme bien en la fecha de publicación de mi primer fic, me di cuenta que ya he cumplido dos largos años publicando mis desvarios (¡Cómo pasan los años!) Dicho en otras [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fickeranimetrixx.wordpress.com&amp;blog=8493756&amp;post=27&amp;subd=fickeranimetrixx&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;">Saludos, pequeña alma ociosa que, por azares del destino, ha llegado hasta este rincón, espacio gobernado por esta pobre alma en pena.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;">Hoy, tras fijarme bien en la fecha de publicación de mi primer fic, me di cuenta que ya he cumplido dos largos años publicando mis desvarios (¡Cómo pasan los años!) Dicho en otras palabras, tengo dos años siendo Ficker, y pensé que, para celebrar, debía hacer algo significativo. Y no se me ocurrió <span style="text-decoration:line-through;">otra</span> mejor manera que subiendo el primer fanfiction que realmente escribí (El primero que me animé a subir vino años después.)</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;">Es decir, queridos lectores, que esta es la primera historia que hago en base a uno de mis animes favoritos, el primer fic que escribo, y que nunca antes había subido sino que se estuvo Enmoheciendo en mi PC sin ver la luz. Cabe alertar que dicho escrito contiene un sínnumero de errores y vicios, frutos de mi total ineptitud de aquellos tiempos. No obstante, he decidio conservarlo íntegro por tratarse precisamente de un tributo a mi iniciación como autor. El fic contiene, entre otros detalles, una puntuación deficiente, dedazos, falta de coherencia en la conjugación de los tiempos verbales, narración defeciente&#8230; Si alguien me ha visto escribir y le a llegado a gustar lo escribo, espero nose decepcionen de saber que así escribía yo, pero no me avergüenzo; soy como soy y he crecido bastante y aún creceré más como escritor (¡Ya lo verán!)</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;">El Fic estaba escrito en trés capítulos y está´má mque inconcluso. Consistía en un crossover de Love Hina con otra obra del mismo autor, la cual dudo que muchos conoscan, pero igual los fans de Akamatsu deben identificarla. Se trata de AI ga Tomaranai (AI Love You), el primer manga publicado del credaor de Naru y Keitaro. Dicho Manga tuve elcapricho de leerlo y me gustó casi tanto como Love Hina y luego fantaseé con un final alternativo donde Hitoshi Koube conocía, en USA, a Keitaro cuando éste se fue de viaje a América junto con Seta.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#0000ff;">Haciendo a un lado la verborrea, paso a copypastear esta <span style="text-decoration:line-through;">abominación </span> obra (¿Ya les mencioné que fue mi primer fic?)</span></p>
<p><span style="color:#0000ff;"> </span></p>
<p align="center"><span style="color:#ff0000;">¡Que encuentro tan loco!!!! (Fanfic humorístico de “Love hina” con la participación de “Ai love you”)</span></p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"> </p>
<p align="center">CAPITULO 1: EL VIAJE</p>
<p> </p>
<p style="text-align:justify;">Nuestro protagonista Keitaro Urashima se encontraba nervioso pero a la vez emocionado. ¡Por fin iba a poder cumplir su sueño de estudiar en Norteamérica por un semestre completo!</p>
<p style="text-align:justify;">-Tranquilízate kei- se decía a si mismo- el señor Seta esta conmigo, ¡nada puede salir mal mientras esté con el!</p>
<p style="text-align:justify;">La espera en el avión para llegar a su destino era demasiado para el, por lo que intentó dormir hasta haber aterrizado en América. ¡Pero no podía por mas que lo intentaba! Había demasiadas cosas en su cabeza para quedarse dormido: La universidad de Tokio que había dejado atrás al haber perdido el año por haberse accidentado; Los nuevos amigos y quizás los nuevos problemas que le esperaban allá; la posada hinata que había dejado atrás junto con sus huéspedes, sus amigas tan queridas, Kitsune, Motoko, Shinobu, Sara, Su, su Tía Haruka, Mutsumi, Tama; ¡Hasta a Haitani y a Shirai los echaría de menos!(a propósito, ¿alguien sabe por que no fueron a despedirlo en el aeropuerto? Akamatsu es un inepto) Pero por sobre todo lo demás estaba su queridísima Narusegawa a la que por mas de 6 meses no vería y su relación seguía tan pero tan confusa e inestable.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Qué tal si mientras me encuentro en el extranjero Narusegawa conoce a otro chico, se enamora de él y se olvida de mi?- se preguntaba- ¡No! ¡No! ¡Yo sé que en el fondo Narusegawa no me es indiferente! Si no me ha dicho que sí es por que aun no esta lista, no porque no le guste. ¡Si! ¡Eso debe ser! ¡Pero cuando regrese las cosas van a ser muy diferentes! ¡Esta vez cumpliré mi promesa e iremos juntos a Toodai para ser muy felices! Le pediré que seamos formalmente algo mas que amigos y nos convertiremos en una feliz pareja de estudiantes, jugaremos tenis en el campus, comeremos un lunch casero juntos durante el descanso y… (Mientras balbuceaba todas estas tonterías que ustedes ya conocen empezaba a quedarse poco a poco dormido).</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">-Keitaro, Keitaro. ¡Despierta!-le decía Seta mientras le tocaba el hombro.</p>
<p style="text-align:justify;">-mmm… ¿eh? Wuaaaa!!!!!! ¡Señor Seta! ¿Que ocurre?</p>
<p style="text-align:justify;">-Ya estamos por aterrizar Keitaro n_n. Abróchate el cinturón y prepárate para el aterrizaje.</p>
<p style="text-align:justify;">-¡Ah! ¿Conque finalmente llegamos a los Estados Unidos? ¡Genial! ¡Me muero de ganas por saber lo que nos espera allá!</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">CAPITULO 2: UN LOCO ENCUENTRO</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente Keitaro y Seta habían llegado a Massachussets, donde los esperan un gran seminario donde Keitaro podría estudiar arqueología durante seis meses y una familia substituta donde se hospedarían durante su estancia.</p>
<p style="text-align:justify;">La familia donde nuestros amigos se hospedarían ya los estaban esperando en el aeropuerto con un letrero con sus nombres sujetados por el padre.</p>
<p style="text-align:justify;">-Señor Seta, mire.- Dice Keitaro.-Deben ser aquellos.</p>
<p style="text-align:justify;">-Es cierto, iremos a presentarnos. ¡Valla que estoy emocionado!</p>
<p style="text-align:justify;">-¡OH! Ustedes deben de ser los visitantes que vienen de Japón. Es un placer conocerlos. Mi nombre es Richard y soy profesor de zoología en la MIT (universidad de Massachussets); esta es ni esposa Jane, quien es veterinaria, y mis hijos Jack y Lizzie.</p>
<p style="text-align:justify;">-Al contrario, es un placer para nosotros –dice Seta – Yo soy Seta y mi alumno (¿desde cuando es su alumno?) se llama Keitaro. Espero que nos llevemos muy bien durante estos seis meses. –dice con su peculiar sonrisa de siempre.-</p>
<p style="text-align:justify;">Después de haberse presentado fueron a la casa de la familia Peterson (sus anfitriones) donde conocieron al miembro faltante de la familia: la orangután Jodie (Manga Love Hina, capitulo 98, tomo 12) y tuvieron una cena de bienvenida en su honor.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Al día siguiente Keitaro y Seta se fueron a conocer el campus de la MIT, darian un paseo por todas las facultades antes de iniciar los cursos de Kei y las clases e investigaciones de Seta. Todo iba tranquilo hasta que un conocido del señor seta le pidió que lo acompañara a ver a unos viejos conocidos de cuando Seta era estudiante.</p>
<p style="text-align:justify;">-Enseguida te alcanzó Keitaro- dice Seta –continua explorando el campus que mañana comenzarán tus clases.</p>
<p style="text-align:justify;">-De acuerdo, estaré en la facultad de programación si quieres alcanzarme mas tarde.</p>
<p style="text-align:justify;">Dicho esto se dirigió corriendo a la facultad de programación con entusiasmo ya que quería conocer todo el campus y solamente le faltaba explorar ese. Pero por andar de distraído pensando en otras cosas se impacta con un alumno que también andaba de despistado por andar leyendo una revista para adultos que traía. El impacto provocó que a keitaro se le cayeran los anteojos al piso, rompiéndose por completo mientras que al otro atarantado se le cayeron todos los floppys que llevaba en las manos junto con su revista erótica. Cuando los dos se recuperaron del impacto que los tumbó al piso Keitaro se puso a buscar sus anteojos mientras que el otro tonto empezó a decirle groserías en japonés lleno de ira (como si no hubiera sido en parte su culpa).</p>
<p style="text-align:justify;">-¡Oh! I’m sorry, but I don’t… ¿eh? ¿También eres japonés?- pregunta Keitaro ya en su idioma.</p>
<p style="text-align:justify;">-Claro que lo soy idiota. Pero no creas que por eso no vas a tener que ayudarme a recoger estos floppys.</p>
<p style="text-align:justify;">-lo lamento, pero en verdad no te vi cuando corría. Estaba pensando en las practicas que Seta me dijo que haría en el seminario cuando… ¡OH no! Mis anteojos se rompieron T_T….</p>
<p style="text-align:justify;">-Tú tuviste la culpa, así que ni me reclames.- le dijo a Keitaro mientras recogía sus floppys. En eso Keitaro notó la revista para caballeros que había caído abierta al piso y se ruborizó.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Qué estas mirando? Eso es mío.</p>
<p style="text-align:justify;">-Lo lamento, ¿no se dañaron tus floppys?</p>
<p style="text-align:justify;">-Es lo que estaba viendo…. No, todos están bien.</p>
<p style="text-align:justify;">-Menos mal. A propósito, ¿Qué hace un japonés como tú estudiando aquí?</p>
<p style="text-align:justify;">-Lo mismo te iba a preguntar, ya que veo que eres nuevo. ¿Cuál es tu nombre?</p>
<p style="text-align:justify;">-Pues veras, mi nombre es Keitaro Urashima y soy alumno de intercambio de la universidad de Tokio. A partir de mañana estudiaré en el seminario de arqueología junto con el señor Seta. ¿Cuál es tu nombre?</p>
<p style="text-align:justify;">-Mi nombre es Hitoshi Koube. Hace ya más de dos años que me vine a vivir aquí con mi familia. Mi padre trabaja para la compañía IBM y también da clases de programación en el seminario de aquí. Actualmente estoy en quinto semestre.-le decía a Keitaro mientras guardaba sus floppys y su revista en su mochila. De pronto sonó el timbre de entrada.</p>
<p style="text-align:justify;">-Lo siento pero ya debo de irme- dice Hitoshi -¡No sabes lo mucho que se enoja mi padre si llego tarde a su clase! ¡Nos vemos Keitaro Urashima!-dice con un guiño y se va corriendo.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">CAPITULO 3: EL REGRESO DE “BILLY G”</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Esa misma noche Keitaro hablo con Seta y los señores Peterson sobre los lugares que había conocido durante su incursión al campus.</p>
<p style="text-align:justify;">-No te preocupes Keitaro.-dice Seta- Mañana mismo iremos para que te compres otros lentes. Pero cuéntame, ¿Qué te pareció el lugar? Apuesto que te mueres por empezar con las excavaciones de practica y las clases.</p>
<p style="text-align:justify;">-A decir verdad- responde keitaro con una mano en la cabeza- aun no domino el inglés a la perfección, a veces no puedo dominar algunos dialectos y otras veces necesito pensar las frases antes de decirlas pero fuera de eso pienso que este lugar es maravilloso!.</p>
<p style="text-align:justify;">-¡Que bueno que pienses así muchacho!- comenta la señora Jane- muchos estudiantes de intercambio se sienten agobiados por estar lejos de sus conocidos y no poder hablar su idioma en ningún momento, aunque por eso no debes preocuparte ya que el profesor Seta esta contigo y hay unos cuantos japoneses como tú en las demás facultades.</p>
<p style="text-align:justify;">-¡AH! Es cierto- Keitaro recuerda su encuentro de hace apenas unas horas- Ahora recuerdo que ya conocí a otro alumno que es japonés igual que yo, solo que él ya es residente y estudia en la facultad de programación.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿En serio?- dice Seta- ¿Y cuál es su nombre?</p>
<p style="text-align:justify;">-Si más no recuerdo su nombre es Hitoshi Koube o algo así…</p>
<p style="text-align:justify;">-Koube… mmm… ese apellido se me hace conocido- comenta Richard.</p>
<p style="text-align:justify;">-También me dijo que su padre trabajaba para una empresa de computadoras y que además daba clases en el seminario.- al escuchar esto Richard se quedo sorprendido pero a la vez escéptico. Iba a preguntarle más a Keitaro sobre ese chico pero le pareció que tal vez su suposición era improbable y que solo era una coincidencia, por lo que guardo silencio y la platica se desvió hacia otros temas.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Mientras tanto, en otro departamento, cerca de la MIT, algo pequeño pero sobrio, donde vivían una pareja de estudiantes de la facultad de programación junto con su hermana pequeña de 15 años, se encontraba en su habitación nuestro co-protagonista Hitoshi Koube usando su computador como la mayoría del tiempo. Su joven y bella novia toca a su habitación y este le dice que puede pasar.</p>
<p style="text-align:justify;">-Hitoshi, no vallas a desvelarte porque mañana vamos a tener dos exámenes.-le dice la bella rubia un poco molesta porque sabe de buena ley que su novio no tiene remedio y siempre mete la pata por estarse demasiado tiempo en el ordenador.</p>
<p style="text-align:justify;">-No te preocupes Thirty, solo estoy terminando de configurar unos comandos que papá me pidió que le entregara para mañana, y ya casi acabo, solo me tomara unos veinte minutos más.</p>
<p style="text-align:justify;">-De acuerdo, pero ni un minuto más. Si después de ese tiempo detecto que tu ordenador sigue encendido saldré directamente del monitor para reprenderte- le dice con un tono serio. Después de eso le da un beso en el cabello y se despide para irse a dormir.</p>
<p style="text-align:justify;">-Ji ji ji, ¡Que bueno que no se dio cuenta!- piensa Hitoshi cínicamente, ya que además de configurar los comandos que su padre le había pedido también estaba explorando paginas Web xxx y descargando cuanta porquería  se encontraba en ellas.</p>
<p style="text-align:justify;">-Bien, solo necesito cinco minutos para terminar de configurar los comandos que me faltan, por lo que puedo dejarlo al ultimo mientras termino de bajarme estos juegos eróticos y estos videos hentai que me acabo de encontrar- balbuceaba sin darse cuenta que una jovencita lo estaba viendo muy atentamente.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Qué estas haciendo Hitoshi?- le pregunta la linda mujercita haciendo que este gritara del susto- ¿otra vez estas viendo pornografía verdad?</p>
<p style="text-align:justify;">-WUAAA!!!! ¡FORTY! PERO QUE ESTAS HA…</p>
<p style="text-align:justify;">-Shhht- le tapa la boca con la mano –si gritas mi hermana se dará cuenta.  n_n</p>
<p style="text-align:justify;">-¿P-pero que… ¿Cuándo… tú…?</p>
<p style="text-align:justify;">-Hitoshi, eres muy malo. Si vas a ver paginas hentai ¿Por qué no me invitas a verlas contigo?- le dice Forty a Hitoshi como si se tratara de cualquier simple travesura, haciendo que Hitoshi quedara petrificado de la impresión. De pronto en el PC de Hitoshi empieza a mostrarse un mensaje de “you have a new mail”.</p>
<p style="text-align:justify;">-Hermano, mira. Parece que tienes un correo.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Eh? Es cierto… mmm… no tiene remitente, esto es muy extraño. Veamos que dice: “La ultima vez me venciste, amigo mío. Pero esta vez no correrás con tanta suerte. Prepárate porque esta vez las cosas van a estar mas parejas: será un duelo a <em>partes iguales</em>”.       ¿Pero que clase de mail es esto?- Hitoshi se queda algo confuso, no logra decidir si tomarle importancia o no al mensaje. Finalmente decide no tomarle y después de terminar de configurar los comandos que tenía pendientes, apaga el PC y manda a Forty a dormirse (el pobre diablo ya no pudo bajar esos videos y juegos sucios.)</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Mientras tanto, en la supercomputadora de la compañía IBM,<strong> </strong>dentro de la misma computadora había un mundo virtual que reflejaba y almacenaba informaciones y programas con una estructura parecida a la de los objetos reales. Allí se encontraba un programa de inteligencia artificial llamado Maakun vigilando la base de de datos de la compañía de que ningún intruso intente robar o dañar la información. La verdad es que si bien había uno que otro hacker que intentaba tener acceso a la base de datos, le resultaba sumamente fácil detectarlos por lo que el trabajo le resultaba francamente aburrido.</p>
<p style="text-align:justify;">-De seguro Twenty debe de estar dormida ya- pensaba el A.I. – no es justo que a Forty y a Twenty solo le toquen una semana al mes de guardia mientras que a mí me dejen solo las otras dos. Y hablando de Twenty, espero que le haya gustado la ida al cine de la semana pasada. Ella me pidió una cita en el mundo real, y eso implicaba que no podría tomarla de la mano ni mucho menos abrazarla. (Suspiro) ¡Si tan solo tuviera los módulos que permiten tener forma humanoide en el mundo real! Estoy seguro que así nuestra relación crecería más rápido…</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Maakun estaba distraído pensando en su noviazgo con Twenty, unas sombras maliciosas se infiltraban sigilosamente sin que ningún sistema de seguridad se diera cuenta. Cuando Maakun finalmente los detectó, preparó su arma para eliminar virus y se acerco sigilosamente. Y justo cuando iba a dispararles, una de las sombras rápidamente se acercó y de un fuerte golpe le derribó la pistola de sus manos, luego trato de derribarlo con una patada al pecho pero Maakun rápidamente esquivo el ataque. Ante él la sombra revelaba su apariencia: un horrendo payaso con el peto en forma de cráneo.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Quién demonios son ustedes y porqué invadieron el sistema?- le pregunta Maakun al virus.</p>
<p style="text-align:justify;">-Mi nombre es Peter 4 y nuestro amo nos mandó a traerle unas subrutinas de tu compañía- dicho esto el virus se lanza a atacar a Maakun y este le responde contraatacando con todas sus fuerzas. Mientras una gran batalla estilo “Dragón Ball Z” era librada por los programas de AI, el otro virus aprovechaba la distracción que su compañero había creado para copiar unos archivos que se encontraban guardados bajo contraseña con el nombre de “Proyecto Zero”. Justo cuando solo le faltaba unos segundos para terminar de extraer la información, Maakun arroja con gran fuerza a Peter 4 completamente derrotado hacia su compañera impactándolos y haciéndolos caer al piso lejos del archivo.</p>
<p style="text-align:justify;">-Nadie te dio permiso de tomar esos archivos.- le decía al otro programa mientras recogía su pistola y se acercaba para darles el tiro de gracia. Pero cuando se dispuso a dispararles y el virus que estaba boca abajo se volteó, Maakun se impactó al ver el rostro del programa con forma de mujer que debía eliminar.</p>
<p style="text-align:justify;">-¡T-THIRTY! ¿Qué estas haciendo con este sujeto?- dijo anonadado y sin poder creerlo. La mujer aprovechó su descuido para golpearlo en el abdomen y dejarlo inconsciente.</p>
<p style="text-align:justify;">-Levántate Peter 4. Vigila que este tipo no se despierte, el sistema de seguridad ya ha sido violado, en unos minutos el sistema de seguridad sellara el sistema y no podremos irnos. Ya solo necesito copiar los archivos.- después de esto la alarma empieza a sonar en los controles de la compañía. El personal de seguridad intenta detectar a los intrusos pero para cuando sellan y revisan el sistema, los intrusos ya se habían marchado sin dejar rastro.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Unos minutos más tarde, en la ciudad de Tokio, el programa con forma femenina literalmente sale del monitor de una laptop ante los ojos de un jovencito que la esperaba mientras contemplaba una supercomputadora abandonada.</p>
<p style="text-align:justify;">-Amo, hemos extraído la información de los protocolos del proyecto Zero como nos lo ordenó.-  le decía al niño mientras le hacía una reverencia.</p>
<p style="text-align:justify;">-Perfecto, con esta información podré reparar las subrutinas y los módulos que conforman el cuerpo de Zero, después de eso solo necesitaré configurar su personalidad y emociones para que pueda moverse por si mismo.-decía con soberbia mientras contemplaba la cima de la supercomputadora donde fuera a estar una cápsula de almacenamiento de un AI – Prepárate Kuobe Hitoshi, esta vez no podrás evitar que me quede con tu Thirty. Aún no has visto de lo que es capaz realmente Billy G, j eje je…</p>
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		<title>Un Romace Deforme</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Aug 2009 23:35:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>anmtrxx</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Incesto]]></category>
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		<description><![CDATA[Primero que nada, debo acalrar que yo no escribì esta historia. No obstante, tengo el permiso de quien lo escribió, y dicha persona desea permanecer, por razones que de seguro entenderán, en el anonimato. Lo que no significa que voy a permitir el plagio y que sea subida en otro sitio sin los permisos pertinentes. La [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fickeranimetrixx.wordpress.com&amp;blog=8493756&amp;post=19&amp;subd=fickeranimetrixx&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color:#ff0000;">Primero que nada, debo acalrar que yo no escribì esta historia. No obstante, tengo el permiso de quien lo escribió, y dicha persona desea permanecer, por razones que de seguro entenderán, en el anonimato. Lo que no significa que voy a permitir el plagio y que sea subida en otro sitio sin los permisos pertinentes.</span></p>
<p><span style="color:#ff0000;">La historia es 100% real, le ocurrió precisamente a quien la escribió. Es por eso que todos los nombres fueron cambiados. Tuve pensado betear el texto antes de subirlo, pero al final optè por dejarlo integro, tal y como se me habìa entregado a mí.</span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"> </span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong>Advertencias:</strong> Violación. Lenguaje antisonante. Escenas explìcitas.</span></p>
<p><span style="color:#ff0000;">Ahora sí, a leer:</span></p>
<p style="text-align:justify;">Su peso contra mi cuerpo ejerciendo una opresión que imposibilita mis movimientos y traba mis sentidos. Una sensación cálida, húmeda como si estuviera a punto de llover se expande por la habitación oscura. Mi corazón late desesperadamente cuando sus manos se posan sobre mi blusa desabotonándola, me escandalizó ante tal acción, aunque ya ha sido algo común los pasados días, creo que ya casi no vale que me avergüence si creo que ya han sido demasiadas veces las que he estado así frente a él y aun así, sin querer mis manos se traban con las suyas en mi último intento de retenerlo. Casto de amor&#8230;</p>
<p style="text-align:justify;">—A… —pronuncio su nombre secamente, mi voz es contenida no sólo por su presión sobre mí; el temor también es parte de este sistema que me impulsa a ser sutil para todo, incluso cuando mi mirada dubitativa se toma su tiempo buscando inútilmente sus ojos. Porque  aunque los veo fijamente se que el no esta aquí conmigo, sintiendo el desasosiego que yo siento, sufriendo por un enigma que ni siquiera hoy logro averiguar con exactitud de que se trata, tal vez a algo como mi falta de amor propio es lo más cercano a explicarlo—. ¡La puerta! —señalo con la mirada a la entrada ya cerrada mientras que sostengo sus manos con todas mis fuerzas, él ni se inmuta ni siquiera voltea hacia el lugar indicado. Trato de entorpecer sus dedos que aun batallan por deshacerse de la prenda, pero ya es muy tarde, sus manos terminan con el último botón dejando al aire mis pobres senos cubiertos por un sostén de encaje negros que recuerdo, hacían contraste con la blusa suave de tela azul brillante que ahora yace en algún lugar desconocido del mundo como muestra de algo que deseo olvidar—. Alguien puede vernos —mi voz suena más fuerte que antes, con la esperanza de que esta vez si sea atendida mi advertencia. Pero el efecto deseado no ocurre. Él se ríe quedamente como si de algún ridículo chiste se tratara y separándose de mi frágil cuerpo dice—: Está cerrada, nadie va a venir —se que es cierto porque la casa estaba sola cuando llegamos pero contaba con que esta escusa fuera lo suficientemente valida como para detenerlo al menos por un instante, ahora se que no fue útil e inesperadamente siento miedo, mucho miedo por lo que se que es capaz de hacer… ¡y yo lo creo capaz de todo!</p>
<p style="text-align:justify;">De pronto comienzo a preguntarme ¿quién dijo que esto era placentero? Yo no siento ese supuesto éxtasis que no me deja pensar, ese deseo de continuar; mi mente no esta delirante por él, no busco complacerle bajo ninguna circunstancia porque temo que eso empeore las cosas, ni siquiera me atrevo a ver su cuerpo desnudo (aunque hasta ahora él sólo dejaba su torso desnudo y bajaba su pantalón para liberar su miembro). Sólo temor y asco de mi misma.</p>
<p style="text-align:justify;">Puedo recordar cuando vi su foto entre los documentos que mi papá había conservado en aquel maletín negro que guarda celosamente arrumbado entre las cosas que “los niños” tenían en una repisa alta. Fue un Instante en el que quede intrigada por la imagen que tan extrañamente me pareció familiar en ese papel que decía su nombre completo. En aquel entonces tenía entendido que todos esos papeles tienen un significado, por eso se encontraban aun conservados dentro de mi casa, en espera de que su dueño volviera por ellos para desaparecer de nuestra vista.</p>
<p style="text-align:justify;">—Mamá ¿Quién es A…? — pregunté un domingo mientras que todos estaban alrededor de la mesa. Sentí las miradas burlescas de todos mientras mostraba la fotografía que había encontrado.</p>
<p style="text-align:justify;">—Es tu medio hermano —dijo, arrebatándome la foto de mis manos y poniéndola cerca de ella, sobre la mesa, de forma que todos podíamos verla con facilidad— vive en D… con su mamá y tu primo que lo adoptó y le dio su apellido.</p>
<p style="text-align:justify;">Se oyeron unas risas a mí alrededor y yo seguí mirando la foto en las manos de mi madre con una gran curiosidad. Siempre supe de su existencia pero jamás me había preguntado de su paradero, hasta ese momento.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡Mira que mala suerte! —Exclamó una de mis hermanas con burla en su voz—, ni siquiera así s libra de ser un R… —más risas siguieron al chiste familiar, incluida la mía.</p>
<p style="text-align:justify;">Y, el siguiente comentario que fue dicho por mi mamá engendró en mí un delirio del cual me arrepentiría el resto de mi vida—: míralo bien para que cuando lo veas no te enamores de él —automáticamente mi visión sobre la persona que aparecía en aquella imagen cambio, como si hubiesen lanzado un hechizo en mi mente y ahora estuviera siendo poseída por este <em>“está muy guapo” </em>pensé estúpidamente y asentí con la cabeza a mi madre, nadie sospechaba que algo se tramaba en mi cabeza, y conforme seguían sus palabras yo las traduje a mi gusto—. Imagínate si J… se involucrara con él —escuché que alguien más decía.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡Cállate! Sus hijos sería defectuosos —exclamó otra de mis hermanas.</p>
<p style="text-align:justify;">Maquinalmente yo comencé a idealizar un encuentro con él susodicho. Uno donde él se enamorara de mí y yo de él e inevitablemente nos mantendríamos unidos bajo una fuerza sobrenatural que nos obligaría a permanecer de esa forma. Una seductora historia en la que accidentalmente nos conocíamos, y el romance apareciera como suave cobijo en invierno de dos almas amantes, con gran afecto y esas cosas que a las mujeres tanto nos gusta</p>
<p style="text-align:justify;">—¿Qué dirían si yo lo quiero conocer? —pregunté sonrientemente sin temor alguno, puesto que las ideas que cruzaban por mi cabeza resultaban tan apetecibles como mi amor por el chocolate.</p>
<p style="text-align:justify;">—¿Por qué la pregunta?&#8230; Tengo entendido que es un niño muy grosero… qué tal si te trata mal. Pierdes tu tiempo.</p>
<p style="text-align:justify;">Mi mente estaba tan enajenada de un romance idealizado que, casi inmediatamente justifique secretamente que su actitud fuera así en determinado caso. Pensando que se debía a que era un niño solitario que creció en un ambiente con un padre adoptivo que nada tenía que ver con él, en un lugar donde todos lo acusaban de bastardo. No imaginaba cuan cierta estaba.</p>
<p style="text-align:justify;">Podría decirse que mi idea de un amorío secreto incremento ante tales estadísticas, soñaba con ser una adorable salvadora de un incauto a las orillas de un terrible barranco a punto de caer por culpa de sus propios descuidos. Definitivamente eso quedaba perfectamente con mi estilo, tan así que mi deseo de conocerle se transformo en una obsesiva necesidad.</p>
<p style="text-align:justify;">—También es mi hermano, quiero conocerlo. Eso es todo —excusé con gran certeza, y recibí sus miradas de incredulidad con gracia.</p>
<p style="text-align:justify;">—el único que tiene contacto con él es S…, pídele a él su correo.</p>
<p style="text-align:justify;">Fue como una semana después cuando S… me dio su correo anotado en un papel arrancado de alguna libreta, recuerdo con cuanta formalidad me lo dio, era como si desconfiara del uso que le fuera a dar (y tenía razón en desconfiar, sólo que él creía que le diría algo malo por ser hijo de otra mujer), sus ojos negros me miraban fuertemente mientras yo tomaba el trozo de hoja y él, con una actitud que me dejó anonada, advirtió—: ten cuidado con lo que le vayas a decir. —Posteriormente, pasarían cerca de dos meses antes de que coincidiera con él vía Messenger y tuviéramos una corta plática, aunque no como hermana.</p>
<p style="text-align:justify;">El efecto fue el esperado. El vio mis fotos y se fijó en mí, dijo que era muy guapa y que me quería conocer. Yo, como cualquier chica con urgencia por entablar una relación, también me mostré interesada y le di mi dirección. Ahora me siento un tanto avergonzada por haber tenido ese comportamiento inadecuado, y ya poca importancia tiene.</p>
<p style="text-align:justify;">Al llegar a mi casa, mi conciencia le dio un golpe a mis falsas esperanzas, preguntándome ¿qué haría en caso de que el llegara? ¿Qué les diría a mis hermanos si lo vieran? ¿Dónde lo recibiría? Estaba muy estresada por ello, idee muchas formas para que A… no llegara directamente a mi casa, para que nadie lo viera. Afortunadamente no fueron necesarias tantas precauciones porque él no llegó, aunque eso me dio una lección. La próxima vez sería más precavida y le diría mi identidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Pasó no mucho tiempo cuando volví a encontrarlo, nuevamente por vía Messenger. Hice las cosas como se debían hacer. Le dije mi nombre y quien era para él. Sobre todo le confesé mi deseo por conocerlo. A… accedió  sin quejarse, al contrario aparentaba estar tan interesado como yo, y la siguiente semana nos encontramos en la iglesia.</p>
<p style="text-align:justify;">Me quedé sin palabras al verle, no era para nada lo que había imaginado. Vestía muy mal para mi gusto, el cabello largo recogido en una coleta baja y usaba un enorme expansor, que es como una ficha de algún refresco, en la oreja… pero su sonrisa, su hermoso rostro me hicieron quedar embelesada ante su riesgosa belleza (y digo riesgosa en el sentido de que era algo bastante innovador para mí crear una especie de amistad con un joven tan parecido al tipo de muchachos a los que frecuentemente les huyo y extravagantemente a mi fantasía, sentía que no quedábamos bien al estar juntos)…</p>
<p style="text-align:justify;">Regreso a mi actualidad, al reaccionar por sus manos ásperas que se deslizan nerviosas por mis hombros desnudándolos. Mi cuerpo se estremece por el nuevo ambiente al que quedó expuesto. Nuevamente me concentro en escuchar los latidos de mi corazón acelerados en mis oídos, retumbando casi al borde del desmayo, siento que el aire me hace falta, que no puedo concebir una esperanza para sentirme a salvo.</p>
<p style="text-align:justify;">Mi pésima vida me ha dejado tan profundamente marcada, que no puedo alejarme de él un temor que nace en alguna herida de mi pasado y no me deja pedirle que detengamos este absurdo juego.</p>
<p style="text-align:justify;">Sus dedos deslizan los tirantes de mi sostén dejando mis pechos desnudos frente a él y mi pesadilla aumenta—. No —exclamo con pesar en mi voz.</p>
<p style="text-align:justify;">—Espérate, se te ven muy chidos —me responde, atontándome con sus palabras para que no me aleje de él. Dentro de mí, dudo que ese sea un halago pero de igual ridícula forma funciona, porque dejo de retorcerme y permito que vuelva a su labor de intentar “calentarme” y se que por más que haga y diga seguirá sin lograrlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Las primeras veces que conviví con él solía coquetearle aparentemente sin obtener una respuesta positiva. Le sonreía cuando me miraba, tomaba su mano y le decía lo muy genial que era estar con él, siempre era halagadora y me mostraba falsamente celosa de cualquier aventura con cualquier otra mujer que me contara secretamente. Para mi él era como aquello prohibido que tanto había deseado tomar. Una experiencia especial y única.</p>
<p style="text-align:justify;">Fue una noche en su cuarto, cuando me besó por primera vez. El había bebido dos cervezas (y probablemente ingerido alguna droga) por lo que se había desinhibido mucho. Su aliento rozó mis labios susurrando algo inentendible sobre ellos, el aroma a alcohol fue insoportable hasta que ambos quedamos enredados en un corto beso que cubrió la esencia—. Perdóname, no quise asustarte —me dijo cuando se apartó de mi. Antes de que yo tomara la advertencia, me relaje y acepté que me volviera a besar con suavidad. De no ser porque la voz de su tía se escuchó desde el primer piso avisando que ya nos íbamos, hubiéramos continuado, quiero suponer que besándonos.</p>
<p style="text-align:justify;">Al salir de su cuarto corrió delante de mí y se agarró del barandal exclamando— chingada madre, se me paro —escupió hacia el piso de abajo mientras refunfuñaba entre dientes. Su sucio lenguaje me hizo quedar estática, motivada por el beso y a la vez asqueada por su verborrea nada agradable. La voz de su tía llamándonos una vez más probablemente fue lo que me freno de arrojarme por el barandal en un arranque de desesperación por causa de una desilusión súbita.</p>
<p style="text-align:justify;">Vuelvo a entrar en razón. Sus manos acosadoras me hacen despertar en medio un frenesí humillante, mi razonamiento explota, se que él no me ama, ni yo a él, no de la forma en la que un amante debería hacerlo, y sé que lo que hacemos no me está gustando en lo más mínimo. Entonces me preguntó ¿qué diablos hago yo en semejante situación?</p>
<p style="text-align:justify;">Me aparto en ese momento de él, el movimiento fue brusco y noto que él lee mi expresión corporal  la cual le dice sin palabras lo insegura que estoy— ¡no te enojes chiquita! –Me pide desesperado por poder continuar, cosa que me molesta. Nunca he sido del tipo de chica a la que le gusta que le llamen por adjetivos, al menos eso creo.</p>
<p style="text-align:justify;">—Ayer te pedí que paráramos esto —le declaro con furia. No intento ser agresiva porque no quiero lastimar su orgullo o sus sentimientos —si es que los tiene— por mí, quiero que de él mismo nazca esa necesidad de ser mi hermano. Y ahora él no me presta atención y vuelve a posarse sobre mí, tomando mis muñecas y forzándome a quedar bajo él, indefensa.</p>
<p style="text-align:justify;">—Esta es la última vez, vamos a disfrutar —me susurra al oído. Se que de una manera algo retorcida cree que me gusta sentir su respiración sobre mi oreja, por eso recurre mucho a esa forma de hablarme, guardado el anhelo de que yo ceda ante sus “encantos”. <em>“Tu disfrutas porque yo no” </em>pienso más molesta que antes. Él tan sólo es un hedonista cualquiera, uno de la especie de los cirenaicos que me atormenta aun en mis sueños.</p>
<p style="text-align:justify;">No hay nada que pueda decir en este momento, no existe algo que me sirva de consuelo. La realidad es que me siento culpable de haber permitido que las cosas llegaran a más, siempre me he dicho que si tan sólo ese día después de haber escuchado esa vulgar frase: “chingada madre, se me paró” hubiera reaccionado y dado cuenta que esta no era una historia de amor y pasión, otra historia sería, quizá una menos tormentosa. Ahora sólo quedan rastros de culpa, enojo, frustración y morbo, mucho morbo.</p>
<p style="text-align:justify;">Después de el primer beso entre ambos, cuando ya íbamos en camino a mi casa, en secreto yo y él quedamos en tener una platica seria sobre lo que habíamos vivido. Al menos yo si quería hablar en serio.</p>
<p style="text-align:justify;">Y al día siguiente él llegó muy temprano a casa, mintió diciendo que tenía muchas ganas de vernos a todos. Estaba claro que venía por mí—. Ya sabes —fue lo único que me dijo como señal de que hablaríamos sobre lo que había pasado la noche pasada.</p>
<p style="text-align:justify;">Yo, debo confesarlo, no tenía idea alguna de cómo decirle lo que yo quería que pasara. Imaginaba que ser <em>novios </em>era una palabra muy fuerte (y si lo era, considerando que la mitad de nuestra sangre era familiar, lo que resultaba enfermizo) y busqué maneras de llamar a este seductor juego imaginario de forma que él comprendiera que lo que yo buscaba era algo que tuviera un significado profundo, suave y tierno, y a la vez arriesgado, enervante— seamos amantes —le susurré al oído y sonreí ante mi gran inteligencia. En mi cabeza bailaba de gusto, <em>amante</em> en ese momento era para mí como aquel que ama al otro pero sin usar el titulo tan escandaloso como <em>novios</em>, mi comprensión no llegaba a temas descarados.</p>
<p style="text-align:justify;">—¿Amantes?&#8230; ¿Si sabes lo que es? —en mi inocencia yo no sospechaba que para él eso significaba sexo y punto.</p>
<p style="text-align:justify;">—Si —afirme orgullosa. Ya habría tiempo de sobra para arrepentirse.</p>
<p style="text-align:justify;">Así que por eso me atribuyo la culpa de que él malentendiera las cosas. A… es un ignorante, hueco, sin sentido pero apasionado joven que solo busca su placer, yo debí ser más clara y no confiar de su inteligencia en cuanto a su definición de amante.</p>
<p style="text-align:justify;">Él vuelve a su labor, buscando como siempre meter su mano en mis calzones pero yo lucho contra su deseo— ándale —me ruega al ver mi perpetua negativa— tantito y ya —me rió y él parece no descifrar mi actitud. Es entendible que no comprenda el chiste, mis maestros siempre me dijeron que los hombres dirían exactamente eso con tal de engatusarme, y al parecer no se equivocaron.</p>
<p style="text-align:justify;">—no A… —digo seriamente <em>“el hombre llega hasta donde la mujer quiere” </em>me digo mentalmente como si fuera mi mantra personal durante esos momentos difíciles.</p>
<p style="text-align:justify;">El sonríe maliciosamente y yo me estremezco, nunca he sido capaz de atinar a lo que piensa, nunca debo subestimar la imaginación de un adicto. Está provista de una creatividad oculta y la faz de un hombre como A… siempre oculta sus pensamientos y confunde a los demás para que nunca puedan adivinar sus intenciones.</p>
<p style="text-align:justify;">Fieramente, agarra mis muñecas, con una fuerza tal que me deja sin aliento. Nunca antes me había visto sometida por una necesidad tan impresionante, yo nuevamente era la victima de alguien que buscaba satisfacerse conmigo. Temerosa lucho por librarme de su agarre pero me resulta imposible, estoy a su merced— ya me acorde de tu fantasía —me dice macabramente al oído. <em>“¡Dios! Otra cosa de la cual me arrepiento” </em>exclamó por dentro.</p>
<p style="text-align:justify;">Si tan sólo hubiera retenido mi lengua de hablar palabras imprudentes tal vez en ese momento A… no sabría mi debilidad… Fue el primer día que experimenté con A… su definición de amantes.</p>
<p style="text-align:justify;">Me llevó a su casa, aparentemente a ver televisión en su cuarto. Estábamos recostados en su cama, en medio de la oscuridad del lugar (porque las ventanas estaban cerradas y daba ese efecto de tiempo inexacto), yo intentaba hablar de algún tema interesante mientras que él se enfocaba a tocar mi cabello y hombros. No recuerdo de que hablaba, tal vez algo sobre mtv y su mala programación, cuando el me besó con fuerza, mientas que apresurado me tomó por la cintura para estrecharme contra él.</p>
<p style="text-align:justify;">—A… —dije cuando por fin me liberó, su nombre sonó más como un gemido en mis labios que como un reproche, su intención original.</p>
<p style="text-align:justify;">—No sabes besar —afirmó con burla. Yo me ruboricé, pero no fue muy notorio porque la oscuridad haciendo juego con mi piel morena no lo permitió—. De seguro tampoco sabes hacerlo, ni otras cosas… —aseguró y se separó de mi con una gran sonrisa que me intrigó—. Está bien, yo te enseño —estaba tan orgulloso de si mismo y tan contento que no tuve el valor de refutar.</p>
<p style="text-align:justify;">Procedió a posarse desprevenidamente sobre mí, tomando mis piernas para ponerse en medio de ellas—. Así es una forma —me dijo, fingiendo un movimiento de vaivén que me hizo enrojecer por completo. En esta ocasión fue mi expresión la que me delató— tranquila chiquita —me dijo inclinándose sobre mi y tomando mis piernas para alzarlas. Yo sentí su miembro endurecido en mi entrepierna atreves de las telas de nuestras ropas y me horrorice.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡No me llames así! Eso es despectivo —fue lo único que se me ocurrió pero él parecía no escuchar en lo absoluto.</p>
<p style="text-align:justify;">Se acercó a mi cara y comenzó a besarme primero suavemente, despacio como un buen instructor a su aprendiz. Mis labios temblaban entre los suyos y luego el se separó un poco de mi para murmurar— abre la boca —y sin más aviso que ese, el beso se volvió fogoso, lleno de salvajismo e ira—. Abre la boca —chilló al ver que no obedecí a su orden y continuó con su escandaloso beso, está ocasión yo sumisa acepte a abrir la boca más, intentado seguir el ritmo de sus labios, al principio me resultó imposible pues el beso era más rudo de lo que jamás había sido besada pero mi mente me llevó automáticamente a un personaje en el que yo era una seductora y sensual mujer de gran experiencia en la materia y de esa forma fue como hice para estar a la altura de tremendo ósculo.</p>
<p style="text-align:justify;">Se volvió a separar de mí, esta vez acostándose a mi lado y respirando profundamente. Su mirada estaba desenfocada, como si yo no estuviera ahí y su risa era más notoria que antes lo cual me desconcertó— ven, siéntate —me hizo señas de que me acomodara sobre él. Yo no entendía lo que intentaba, y al momento de sentarme, me tomó por la cadera y me acomodó sobre su entrepierna. Yo volví a enrojecer, esto era para mi demasiado. Pero como ya dije con anterioridad, mis propios fantasmas estaban ahí, justo detrás de mí para acosarme y no permitirme que yo pudiera reaccionar correctamente, sino que me decían constantemente “este es tu castigo por haber hecho lo que hiciste, ahora no puedes dar marcha atrás”— también así lo podemos hacer —me dijo con su voz más profunda y suave.</p>
<p style="text-align:justify;">—A… alguien va a entrar —dije y trate de pararme pero el me apretó contra su cuerpo, no permitiendo que yo me separara y comenzó a mover mi cadera semejando embestirme, como si realmente estuviéramos en una relación genital— muévete así —me indicó, pero yo fui más fuerte y me arrodille a su lado.</p>
<p style="text-align:justify;">Por primera vez me di cuenta que lo que él buscaba de mi era algo que yo nunca había ofrecido, y que de alguna manera él entendía como que yo estaba en total acuerdo con eso. Por fin supe que amantes para él era algo más que besos y cursis versos. Era sexo—. A… ya basta —exigí, y el volvió a reírse.</p>
<p style="text-align:justify;">—No pasa nada chiquita —ese sobrenombre otra vez—. Nadie va a venir, mira mejor cuéntame cual es tu fantasía sexual favorita.</p>
<p style="text-align:justify;">Me quede en silencio, estaba paralizada al ver que mi opinión no era tomada en cuenta y casi me eche a llorar. Pero enfoqué mi mente a una idea más agradable, a esa fantasía que tenía oculta. Durante mi infancia estuve rodeada de violaciones, por eso me resultaba vergonzoso decirlo, pero en aquel momento oscuro, me resultó fácil confesarlo— me gusta imaginar a un hombre violando a una mujer menor que él, de alguna forma paradójica me gusta eso —sus movimientos habían continuado sin que yo me diera cuenta, probablemente por causa del temor que me poseía en ese momento. Había logrado introducir una mano bajo mi blusa, un escalofrío recorrió mi cuerpo y no pude moverme, estaba completamente bloqueada.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin que nadie dijera palabra alguna el comenzó a tocar mis pechos sobre la ropa interior hasta alzarla y dejar desnuda aquella parte. Deleitándose con la visión y mi nula actividad. Mi mente se nubló y sólo recuerdo haber salido de ahí con las piernas temblando, su risa clavada en mi cabeza y esos ojos que a la luz de la tele descubrí que estaban enrojecidos. Estaba drogado.</p>
<p style="text-align:justify;">Como esta “ultima vez”. Vuelvo para luchar contra su agarre, mi fantasía me da más horror que nunca en mi vida y comienzo a gemir de miedo— voy a tener que amarrarte —me dice molesto mientras que atrapa mis muñecas con sólo una mano por encima de mi cabeza y se inclina para lamer mis pezones.</p>
<p style="text-align:justify;">—No —exijo con fuerza y soy ignorada. Esta vez el desliza su mano desde mis muslos hasta alzar mi falda escolar y meterla por debajo, no suelo usar short debajo así que le fue sencillo  abrirse paso y meter su dedo índice en mi interior, al mismo tiempo seguía en su labor de estimular mis enrojecidos pezones con su lengua.</p>
<p style="text-align:justify;">Dolía como nunca, su dedo en ese interior no estaba lubricado, era terrible. No podía articular palabra puesto que mi mente estaba situada en mi sufrimiento y chillo con desesperación moviéndome hacia los lados para librarme de él— ya, ya… —me dice con burla— creo que eres virgen porque no aguantas esto —me sentí humillada por la forma en la que me hablaba y trataba: como una prostituta pero no podía hacer nada, siento como su índice se introduce más en mi y yo vuelvo a gritar de dolor, luchando por zafarme y solo hasta ese momento al menos él comprende mi desacuerdo, porque de esa forma sacó el doloroso dedo sin pena alguna— no aguantas esto —me enseño la extensión que había logrado meter en mi cuerpo— si te la meto te mueres —me dice y yo me horrorizo, estaba llegando a mi limite de resistencia ahora creo que él es un maldito.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin permitir que yo me soltara, vuelve a acostarse sobre mí y acomodarse sobre mi abdomen delicadamente para no aplastarme, era como si de pronto yo le importara y quisiera no lastimarme. Yo respiro intranquilamente, cualquier acción desconocida de su parte es tomada como una amenaza en ese momento. Trato de ver que intenta hacer y consigo notar que baja el cierre de su pantalón de mezclilla y luego logro comprender que es momento de mirar a cualquier otro punto, porque eso sí, me niego a ver su erección.</p>
<p style="text-align:justify;">Siento que cambia de posición halando de mis manos hacia arriba. Se acomoda de forma que su miembro quedó entre mis pechos húmedos. Me estremezco, es la primera vez que hace algo así y busco su pérdida mirada pero estaba enfocado sobre esa imagen que mi cuerpo le proporcionaba—. Tengo que lograr que me des lo que te pedí —reveló e instantáneamente recordé a que se refería.</p>
<p style="text-align:justify;">Varios días después de lo ocurrido en su casa fue a dormir a la mía. Por la mañana, de alguna forma quedamos solos en casa y él aprovechó para reclamar mi ausencia durante la noche— hubieras ido a verme —me reprochó— te estuve esperado chiquita —me quedé en silencio. Estábamos en una de las camas de mi cuarto y el acariciaba mi espalda mientras estábamos recostados el uno frente al otro.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡Cómo se te ocurre! —exclamé con fastidió, ya estaba más que harta de ese sobrenombre— te he dicho que no me llames así —me di la vuelta haciéndome ovillo, tratando de negarme con todas mis fuerzas a sus exigencias sexuales.</p>
<p style="text-align:justify;">Él se arrodilló a mi lado y me miró con seriedad por un momento— así también lo podemos hacer —me dijo  colocándose sobre mi cuerpo, de forma que hacia entendible que era fácil una penetración con mi cuerpo de lado.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡A…, ya! —grité bajándome de la cama, quedando arrodillada sobre el suelo mientras mis codos se apoyaban sobre la cama. Estaba tan indignada que no tenía ya la fortaleza de mirarlo a los ojos.</p>
<p style="text-align:justify;">—¿No te gustaría probármela? Me han dicho que sabe rico —expresó con gran orgullo, realmente creía que hablándome de esos modos me convencería de hacer cuanto me pidiese. Yo hice un chillido de desaprobación— te pusiste roja —me dijo y se echó a reír.</p>
<p style="text-align:justify;">—Déjame en paz, no quiero hacer esas cosas.</p>
<p style="text-align:justify;">—¡Pero si ni hemos hecho nada!</p>
<p style="text-align:justify;">Estaba a punto de ponerme de pie cuando vi que él me ganó y tomó mi cintura presionando su entrepierna sobre mi trasero, de modo que termine en una situación vergonzosa y me aparte de él con furia—. Deja ya de molestar —le reclame— va a llegar alguien a la casa, así que me voy a la sala.</p>
<p style="text-align:justify;">Él se puso de pie primero que yo— Voy a tomar una pastilla y ahora te alcanzo —dijo y se alejó de mí como si nada. Por ese momento parecía que no le daba importancia ya a mis quejas, sobre todo lucía más interesado en su medicamento.</p>
<p style="text-align:justify;">No quise preguntar si estaba enfermo, sabía que iba a usar esos narcóticos de su tía tan peligrosos. Había escuchado que esas cosas inhiben la excitación sexual, así que de forma que no puedo explicar, eso me tranquilizaba.</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya chiquita, oye… has algo por mi —entro y se echó sobre el sillón de la sala.</p>
<p style="text-align:justify;">Me serené porque sabía que no ganaba nada con enojarme, al contrario vi la oportunidad de complacer a mi hermano, guardaba un ápice de esperanza de que yo fuera algo útil y darle el afecto del que tanto careció, aunque claro, era un afecto que a mi no me correspondía darle, sino a su familia y a sus padres—. Dime —le dije con suavidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Tomó mi mano entre las suyas y comenzó a acariciarla, por un pequeño instante, creí que no todo el romance estaba perdido—Quítate el “bra” pero déjate la blusa —fue mucho desear al final de cuentas. No podía esperar algo más interesante de su parte, así que acepte, aunque no me lo quite por completo sólo alcé mi sostén y deje que mi ajustada blusa gris de tirantes le mostrara el panorama que tanto exigía ver.</p>
<p style="text-align:justify;">Quedamos en silencio, sentía como la sangre se agolpaba en mi cara, aunque no estaba segura si él no podía notar. Sus ojos estaban tan concentrados en mis pechos a través de la tela que pensé que había cometido otro error. A penas iba a tocarme cuando tocaron a la puerta y mi confianza se esfumó.</p>
<p style="text-align:justify;">Afortunadamente ese día no me descubrieron. Pero al menos ya supe a que se refería con “dar lo que me pidió”: a eso que tanto rechace…</p>
<p style="text-align:justify;">Su mano izquierda baja por mi rostro y se mueve a mi mandíbula apretándola con fuerza, yo tiemblo, y en mi debilidad consigue introducir su dedo pulgar desde mis labios, raspándolos para que yo no tuviera resistencia, y choca con mis dientes resbalándolo sin misericordia hasta que llega al fondo de mi boca, lastimando la piel de ahí y provocando que tuviera que separar mis dientes para quejarme del dolor y el mal sabor que me dejaba. Él saca provecho mi descuido e introduce un segundo dedo a mi boca y se queda quieto, respirando fuertemente en mi oído. Siento que de nuevo alza su cuerpo para acomodarse, pero esta vez acerca su miembro a mi cara y yo cierro mis ojos con gran pesar.</p>
<p style="text-align:justify;">—No uses los dientes y abre la boca —suena como una orden que incluía entre líneas una amenaza— yo se que me amas —me expone y yo asiento con mi cabeza, mientras el liberaba mi boca de sus molestos dígitos y rápidamente entierra su erección en ella.</p>
<p style="text-align:justify;">Quiero gritar y muevo mi cabeza de un lado a otro, el asco, nos nervios y el temor de ser descubiertos es lo único en que puedo concentrarme. Mi mente esta bloqueada así que no recuerdo bien los detalles de ese momento, se que fue breve aquel contacto pero no estoy segura de cuanto. Me di cuenta que me había soltado hasta que deje de temblar y abrí mis ojos— eso fue genial —expresa, aunque yo me siento peor por tantas ruines palabras—. Tócame ahora —otra orden más, yo extiendo mi mano, cansada de este juego, lo único que me importa en este momento es acabar pronto con esta “ultima vez”.</p>
<p style="text-align:justify;">Era la última vez mas larga de mi vida.</p>
<p style="text-align:justify;">Sentí su dureza humedecida por mi boca y con movimientos muy torpes intento acariciarlo como me lo pedía— así no —exige con gran fastidio— agárrala bien —yo obedezco una vez mas, sin decir nada—, ahora sin miedo súbela y bájala —mi mano se movió hacia el supuesto arriba con debilidad— pero hasta arriba —exigió tomando mi mano y moviéndola a su gusto. Ya no soporte más y liberando mi mano deje que el llanto se soltara.</p>
<p style="text-align:justify;">—¿J…? —me llamó, su voz sonaba asustada. Y por primera vez en nuestra historia muestra compasión y misericordia por una tonta criatura que nunca ha sabido ni sabrá amar— hasta aquí, ya. Me gustó mucho.</p>
<p style="text-align:justify;">Lejos de halagarme, me sentí terriblemente mal. Había llegado a un punto en el que la culpabilidad me había corrompido tanto que sabía que nunca más podría convertirme en la persona que liberara a A… de ese mundo terrible de adicciones y soledad.</p>
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		<title>Prima Nocte</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Aug 2009 23:14:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>anmtrxx</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Acerca de este relato: Les juro que traté de buscarle un mejor nombre, uno menos utilizado y trillado que éste. Pero terminé incapaz y éste es el mejor que le queda para la temática que lleva la historia en sí. Ni modo.   Esta historia fue escrita para responder al reto “Maratón de Lemmon”. Para [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fickeranimetrixx.wordpress.com&amp;blog=8493756&amp;post=16&amp;subd=fickeranimetrixx&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color:#ff0000;"><strong>Acerca de este relato: </strong>Les juro que traté de buscarle un mejor nombre, uno menos utilizado y trillado que éste. Pero terminé incapaz y éste es el mejor que le queda para la temática que lleva la historia en sí. Ni modo.</span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"> </span></p>
<p><span style="color:#ff0000;">Esta historia fue escrita para responder al reto “Maratón de Lemmon”. Para más información, pulsa </span><a href="http://malosfics.foroes.net/selene-y-la-secta-de-la-trama-f46/primer-maraton-lemon-concurso-t6418.htm?sid=498401e314fce03e26e4b9dd6945f1e9"><span style="color:#ff0000;">aquí.</span></a></p>
<p><span style="color:#ff0000;"> </span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong>Advertencias: </strong>Sexo explícito.</span></p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"><strong><em><span style="color:#3366ff;"><span style="text-decoration:underline;">Prima Nocte.</span></span></em></strong></p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"> </p>
<p style="text-align:justify;">Su corazón latía tan fuerte que podía sentirlo palpitar en su pecho.</p>
<p style="text-align:justify;">Y no era para menos. Pues se sentía tan nerviosa como no recordaba haberlo estado antes. Aquel sábado 19 de abril, sin que se tratase de ninguna fecha en especial —nada se celebraba en el calendario ni para su familia o amistades—, ocurriría algo que marcaría una nueva etapa en su vida; un acontecimiento sobremanera importante en la vida de todo ser humano, al menos para algunos, para otros no tanto, pero para ella definitivamente substancial. O al menos así lo especulaba la cándida y soñadora Ana. Quizás lo estaba idealizando demasiado, trataba a veces de convencerse, pero inmediatamente sus fuertes convicciones e ideales le hacían volver a retomar su posición.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora, que finalmente el día había llegado, de nada parecía servirle toda aquella información, todo aquel conocimiento previo que adquirió por parte de sus amigas, sus maestros, sus padres, los libros y revistas, la Web y tantas otras fuentes y referencias que hay en el mundo moderno, al alcance de cualquier interesado sobre las relaciones sexuales. Una cosa es la teoría, que puede hacerte pensar que conociendo cada tipo de posición, caricias, métodos anticonceptivos, riesgos, consejos y hasta videos que muestran a lujo de detalle la manera en que se lleva a cabo el sexo, ya no necesitas saber nada más; y otra muy distinta el tener que enfrentarte directamente al acto en sí. Dejar de ser una observadora, una curiosa aprendiz de tal acto que forma parte de la vida del ser humano, para ser una participante real y legítima. Ana estaba convencida de que no importaba que se fuese todo un experto en el tema y se supiese de memoria todo lo que hay que saber en cuanto a las relaciones sexuales, ir a la práctica siempre sería algo nuevo. Aún el más experto en la teoría sería, inevitablemente, un novicio inexperto al momento de ejercer por vez primera la práctica. El sexo no es un conocimiento, es una acción; éste era el pensamiento que le preocupaba enormemente a Ana al meditar, una y otra vez, que dentro de poco le entregaría su virginidad al hombre que tanto amaba.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">“En unos meses cumpliré los dieciocho”, se decía a sí misma mientras enjabonaba sus delgados brazos bajo el tibio y suave rocío de la regadera del baño. “Hoy en día es muy común que las mujeres empiecen a tener relaciones desde antes de cumplir la mayoría de edad. Sin embargo, eso nunca me ha convencido del todo a mí. He tenido alrededor de siete novios formales y con ninguno llegué a tener relaciones; nunca pasamos de tener algunos “fajes”, intensos, eso sí. Juan y Carlos llegaron a proponérmelo, pero con el primero me sentía demasiado joven aún, así que se lo dije y lo comprendió. Con Carlos fue distinto: terminó tomándoselo como personal y terminamos por pelearnos y cortar —menos mal que descubrí a tiempo lo imbécil que es—. Pero Ricardo… Con él he venido saliendo más tiempo que con cualquier otro muchacho, y él, como todo un caballero, nunca me presionó y se esperó a que yo misma estuviese lista para abordar el tema. No me arrepiento en lo absoluto de haber tomado esta decisión junto con él. Sin embargo… aunque estoy convencida de que le quiero y deseo hacer esto con él, tengo miedo de que las cosas salgan mal y todo sea, en parte, culpa mía. Planeamos esto con el debido tiempo y, finalmente, acordamos que sería este día, en que mis padres y mis hermanos no estarán en casa y tendremos toda la noche para estar solos… pero… yo…”</p>
<p style="text-align:justify;">No había nada que explicar. Ella, desde joven, había idealizado tanto el acto de la relación sexual —principalmente la tan famosa ‘primera vez’— que sentía que ésta debía ser especial y convertirse, así, en ese maravilloso recuerdo que le acompañaría por el resto de su vida, dándole júbilo cada vez que lo evocase. Entregarle su mayor tesoro: su castidad, al hombre que verdaderamente quería; hacerlo por convicción, mas no por obligación; no estropearlo a través de una incontrolable improvisación — pues había escuchado que la primera vez no siempre resultaba como uno quería y terminaba en malos términos y en un desagradable recuerdo—; ese era su sueño y su deseo, y debía cumplirlo. Por algo se había reservado por tanto tiempo, pese a la presión que, explícitamente, dan los medios de comunicación con la propaganda que dan al sexo; como si éste fuese una obligación entre novios formales de edad superior a la pubertad. Presión que luego viene a ser reforzada por algunas de sus amigas que presumían ya haber tenido aquella experiencia y que sólo parecen saber hablar de ella, insinuando, muy sugestiva y convincentemente, que sólo las quedadas y las mojigatas permanecen vírgenes hasta edad “muy avanzada” y que ella era demasiado atractiva como para tener que seguir privándose de aquel delicioso y para nada nocivo placer.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">Pero ese no era su criterio, sino el de sus amigas y de los medios de comunicación. Precisamente, para Ana, por tratarse de algo tan especial, debía de efectuarse sensatamente para, así, hacer que valiese realmente la pena tal ocasión. Podrá llegar a tener relaciones muchas veces durante su vida, pero sólo tendría una “primera vez”. Muchas la tacharían de cursi, de ingenua, pero eso era en lo que ella creía; sus convicciones que defendería por encima de cualquier otra opinión.</p>
<p style="text-align:justify;">Y todo ese perfeccionismo, todo ese deseo por asegurar que las cosas saliesen lo más afinadamente posible; el hecho de idealizar tanto aquel paso que estaba por dar, convencida de que sólo lo daría una sola vez y que tal experiencia le acompañaría por el resto de su vida —pues marcaría el inició de algo de la que ya no habría retorno—; todas esas preocupaciones eran las responsables de su tremendo nerviosismo que iba en aumento conforme el reloj avanzaba, indicando de que faltaba cada vez menos tiempo. De que su primera experiencia fuese satisfactoria dependía únicamente de ella y de su enamorado. No era de él de quien dudaba, sino de ella misma.</p>
<p style="text-align:justify;">“Quizás, si me exploro un poco, se me quitará un poquito el miedo y me daré mejor una idea de lo que estoy por hacer.” La joven, que aún yacía bajo el tibio chorro del agua, se dio a la tarea de acariciarse su intimidad. Nunca se había tocado a sí misma con la finalidad de masturbarse pero creía que hacerlo le ayudaría a vencer, en parte, una pequeña porción del temor originado por la incertidumbre, los nervios y la impericia.</p>
<p style="text-align:justify;">Comenzó a pasar suavemente las yemas de dos de sus dedos, índice y medio, por su delgado y oscuro pubis, mimándole, jugando delicadamente con cada uno de sus sedosos vellos. Luego cerró los ojos y su mano se deslizó hasta rozar la piel que yacía debajo de ellos, palpando a su propia intimidad, dejando escapar un suspiro con su suave aliento. No dejó de acariciar con ternura el espeso pelo que le había guiado hasta la comisura de sus cálidos labios vaginales, dispuestos, igual que el resto de su cuerpo, a catalizar el placer; los rozó tan finamente que los poros de su acanelada piel se erizaron. El ritmo con el que sus yemas masajeaban el exterior de su vulva se fue incrementando; las mejillas de la joven se ruborizaron cuando a su mente vino la imagen de su enamorado, quien, quizás, la haría gozar, sino así, muchísimo más, cuando este le tocase con sus enormes y viriles manos. De su intimidad comenzó a asomarse su enardecido y erecto clítoris, el cual, al descubrirlo, comenzó a manipular con la yema de su índice, de arriba a abajo, de un lado al otro, desde cada uno de los nacimientos hasta la punta, tal y como había leído que debía hacerse en una de las tantas revistas para mujeres. La temperatura de su joven sexo iba cada vez más en aumento; sentir su propio calor envolviendo sus dedos comenzaba a enloquecer a la morena, quien, en un arrebato de deseo, llevó todo su dedo índice a explorar por toda la extensión de sus labios menores. Su movimiento fue violento, tanto que su uña le lastimó un poco, haciéndola bajar, por unos instantes, de su nube de éxtasis. Con más cuidado, deslizó de arriba hacia abajo sus dedos índice, medio y anular, cuyas yemas masajeaban, diligentemente, desde el clítoris hasta la comisura posterior de los labios vaginales. La sensación de deleite aumentó gracias a la intervención de los líquidos lubricantes que comenzaron a fluir en abundancia y que ella pudo apreciar al sentir que aquellos se comenzaban a esparcir por sus, ya húmedos por el agua del baño, dedos. En un acto instintivo, casi autómata, Ana condujo su dedo medio a la entrada de su aún virgen intimidad, la cual tanteó con cuidado para no cometer dos veces el error de lastimarse con su larga y un poco filosa uña de acrílico, como hace unos instantes había hecho. Se concentró en disfrutar de la textura de su lubricada y fogosa carne, suave y abrigadora; así es como se comporta esta maravillosa zona de la mujer cuando se dispone a acoger, con amor y dedicación, la virilidad de un macho.</p>
<p style="text-align:justify;">“Ricardo…” chillaba entre gemidos. Su mente fantaseaba, deseando que estas caricias fuesen realmente las de su amado Novio.</p>
<p style="text-align:justify;">El deseo de la morena por descubrir hasta donde podrían llegar aquellas sensaciones, se incrementaba, y, dispuesta a averiguarlo, continuó introduciendo su dedo, lenta y cuidadosamente. Aprovechando la estrechez de su dedillo medio, se hizo paso por su flexible himen y avanzó y avanzó, alimentando con su imaginación el gozo al sugestionarse que en realidad estaba siendo, finalmente, penetrada por su Ricardo; hasta que por fin su uña se tropezó con el límite del “camino”. Aquello le sacó de su trance y le hizo temer que su “juego” terminase no sólo en hacerle desperdiciar energía y fuerza para el verdadero reto que estaba por venir, sino también el provocar la destrucción de aquella pequeña membrana que yacía como prueba viviente del voto de castidad que había hecho para el hombre que ella considerase digno. No debía, pues, seguir auto explorándose más, eso podría hacerlo luego de haber tenido su primera y verdadera relación sexual. Hasta entonces, sería mejor que se mantuviese virgen, incluso virgen de ella misma.</p>
<p style="text-align:justify;">Salió del baño, menos nerviosa que antes, ya que haber probado ínfimamente lo que de seguro estaba por sentir y sentiría de ahora en adelante, le había inspirado más confianza y había fortalecido sus deseos y expectativas. Llevar  a cabo su empresa ya no le atemorizaba tanto.</p>
<p style="text-align:justify;">¡Ya sólo faltaba una hora! Y Ana aún no terminaba de arreglarse. El tiempo se le había ido de las manos. Tenía no sólo que escoger ropa adecuada para la convivencia previa al acto, sino también ataviarse por dentro con lencería que ayudase a su esbelto cuerpo a seducir, a embelesar a su amado Ricardo —entre ella, una prenda especial para la ocasión—. Mientras se preparaba, física y psicológicamente, para el momento, los nervios, poco a poco, volvieron a invadirla. Sólo que cada minuto que pasaba volvía más ridículo el que aún estuviese nerviosa; ésta era la resolución de su mente que trataba en vano de ahuyentar  los recurrentes temores. El tiempo siguió corriendo sin que ella lo notase hasta que, saturándole el cuerpo de adrenalina a la pobre chica, se escuchó el timbre de la puerta. Corrió hacia ella y vio, con una mezcla de sorpresa y nerviosismo, que se trataba de Ricardo, su enamorado.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;">—Hola, cariño —el apuesto y sobrio morocho acercó sus labios a los de su enamorada para unirlos en un fraternal beso. Ana sintió como los nervios de hace unos instantes volvieron a invadirle de golpe, pero no se dejó sabotear por ellos y correspondió con ternura a su amado. De todas maneras, en su rostro podía evidenciarse sus nervios.</p>
<p style="text-align:justify;">—Veo que llegaste temprano.</p>
<p style="text-align:justify;">—De hecho… No. Me dijiste que me viniera a las ocho y ya pasan quince minutos —acotó con la ayuda de su reloj de pulso.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿En serio? —Ana miró escéptica su celular y, efectivamente, ya pasaban de las ocho de la noche—. No puede ser… el tiempo se me fue de las manos, ¡y aún me falta mucho por preparar!</p>
<p style="text-align:justify;">—Tranquila. Tenemos toda la noche —la voz de Ricardo sonaba reconfortante y sincera. No obstante, la mirada de Ana aún denotaba nerviosismo, cosa que él notó de inmediato. Ricardo le llevaba tres años y sabía que aún era virgen, Ana se lo había confesado el día que acordaron tener relaciones entre ellos. Conocía muy bien como era su temperamento y dedujo que se pondría irremediablemente nerviosa.</p>
<p style="text-align:justify;">—Traje unos Dvd’s. ¿Qué te parece si primero vemos unas películas y cenamos? Tenemos toda la noche para nosotros dos.</p>
<p style="text-align:justify;">—Sí… películas suena bien —contestó casi tartamudeando—. ¿Cuáles trajiste?</p>
<p style="text-align:justify;">Pasaron a la cocina y, en cuestión de unos minutos, la joven le preparó una modesta aunque ponderada cena que ambos disfrutaron. Platicaron de cosas banales y rieron; por unos instantes parecían haber olvidado el propósito de aquella noche y la pasaron como si fuese otra ordinaria cita más. Luego del festín se dispusieron a ver las películas que Ricardo había traído. Las horas pasaron y, en un abrir y cerrar de ojos, dieron las doce de la noche. La última película terminó a los pocos minutos y Ricardo procedió a apagar el televisor. Por unos instantes los novios se miraron en silencio.</p>
<p style="text-align:justify;">La hora había llegado.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Estás nerviosa? —le preguntó al mirar su obvia actitud.</p>
<p style="text-align:justify;">—No te preocupes —desvió involuntariamente la mirada—. Estoy segura de que quiero hacerlo.</p>
<p style="text-align:justify;">—Sabes que no te obligaría a hacer nada que…</p>
<p style="text-align:justify;">—Sí quiero.</p>
<p style="text-align:justify;">—De acuerdo —le susurró con cariño—. ¿Vamos a tu cuarto?</p>
<p style="text-align:justify;">—No…</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Entonces…?</p>
<p style="text-align:justify;">—Vamos al cuarto de mis papás. Ahí estaremos más cómodos. No te preocupes; ellos no volverán hasta mañana por la tarde. Podemos arreglar la recamara.</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo pensó en lo intrépido de aquella proposición. No obstante, aceptó con una sonrisa, tomó de la mano a Ana y ambos subieron por las escaleras hasta llegar a la alcoba.</p>
<p style="text-align:justify;">Entraron. El apuesto muchacho podía notar cada vez más el nerviosismo en su novia, tres años menor que él, una vez dentro de la recamara. Se sentaron en la cama y se observaron en silencio durante unos instantes, como hace unos momentos en el sillón.</p>
<p style="text-align:justify;">—Realmente ésta va a ser tu primera vez, ¿no?</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya te dije que sí. No me importa si no me crees. Yo…</p>
<p style="text-align:justify;">—Te creo. De lo contrario no estarías tan nerviosa.</p>
<p style="text-align:justify;">Ana se encogió de hombros y bajó la mirada. —Perdóname por ser tan infantil.</p>
<p style="text-align:justify;">—Nada de eso. —Acarició su cabello—. Yo te quiero mucho; es por tu forma de ser, por tu sinceridad, tu sencillez y tu candidez es que estoy perdidamente de ti enamorado.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Con cuántas mujeres has estado antes? —Preguntó con la voz un poco transfigurada por el nerviosismo.</p>
<p style="text-align:justify;">—Con tres —contestó sin titubear—.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Con tres?</p>
<p style="text-align:justify;">— Sí. —Luego de una pausa, continuó—. Mi primera experiencia la tuve a los dieciséis con una niña de mi edad. Luego tuve, a los dieciocho, una relación casual con una joven que conocí en un antro y a la cual no volví a ver. Fue con Gaby, mi ex novia, con la que empecé a tener relaciones de manera estable y periódica.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Cada cuanto lo hacían?</p>
<p style="text-align:justify;">—Pues… como unas dos o tres veces a la semana. Siempre que teníamos oportunidad la aprovechábamos.</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya veo. —Ana se apesadumbró—. Pensar que ya tenemos más de ocho meses de novios y tú, que ya llevabas una vida sexual activa, has tenido que abstenerte todo este tiempo por mi culpa.</p>
<p style="text-align:justify;">—No digas idioteces —le dio un confortante abrazo—. Yo te amo. Lo que de ti busco es tu compañía, tu cariño y tu comprensión, y cualquier cosa que resulte indeseable, que te mortifique, que no te haga feliz, no me hará feliz a mí tampoco.</p>
<p style="text-align:justify;">—Lo que quiero es estar contigo, Ricardo. Yo también te amo. —Y sus labios se unieron a los de él. Ricardo los aceptó gustoso y abrazó a su compañera con pasión.</p>
<p style="text-align:justify;">Ana se dejó llevar y correspondió a las amorosas caricias. Se dejaron caer en la arreglada cama matrimonial, y Ricardo, teniendo a su amada aprisionada debajo de él, dirigió sus hambrientos labios hasta el bronceado cuello de su compañera del amor, que comenzó besar con suavidad, como tantas otras veces había hecho antes. La joven, embelesada por las sensaciones, inclinó su cabeza hacia su hombro para darle mayor acceso a su piel.</p>
<p style="text-align:justify;">Sus labios continuaron jugando con su cuello; subían y bajaban desde la parte baja de las mejillas hasta el escote de su pecho, hasta donde le permitía la blusa amarilla que llevaba llegar. Ana sujetaba, casi arañaba la espalda de su enamorado con un brazo y acariciaba su nuca con el otro. Así permanecieron por unos instantes más, en perfecta complicidad, hasta que Ricardo paró, besó los labios de Ana y se incorporó un poco, quedando aún por encima de su novia mas ya no aprisionándola. La miró con amor, con deseo; sus recias manos acariciaron su cintura por encima de la tela de la ropa y, una vez que llegaron al borde de tal prenda, Ricardo jaló de ésta hacia arriba, descubriendo, poco a poco, la morena y suave piel que debajo yacía. Ana cerró los ojos, se levantó un poco y elevó los brazos para facilitarle a su novio la tarea de quitarle la blusa. Cuando sintió que su sujetador, blanco con encajes atrevidos, ya se asomaba por debajo de la prenda que se deslizaba ahora en su cuello, cara y brazos, su corazón volvió a latir con más fuerza y pocas ganas tuvo de abrir sus ojos y verse así, descubierta ante Ricardo —aunque muchas otras veces lo había estado frente a él en sus juegos eróticos—. Finalmente la prenda salió por sus brazos y abrió los ojos, contemplando, así, a los de su enamorado, devorando su joven y estilizado cuerpo. Ricardo no esperó un segundo más y volvió a lanzarse sobre ella, aprisionándola de nueva cuenta entre él y el colchón, casi aplastándola, mordisqueando su piel desde el cuello, hombros y pecho hasta donde el encaje del sujetador le indicaba que parase. La sutil barba de dos días de Ricardo raspaba la dócil piel de Ana; otras veces ya había ocurrido pero ella siempre aguantaba la mísera tortura, pensando que no era nada y que, en parte, aquella picazón le causaba, de alguna extraña y difícil de explicar manera, placer. Sus suspiros y su temperatura corporal fueron en aumento; conforme se iba acostumbrando a las caricias en ciertas zonas de su cuello y escote, tomaba con sus manos la cabeza de su novio para guiarle en que partes debía ahora seguir besando, mordiendo, chupando. Ricardo pasaba por encima del sujetador —ya habría tiempo para acariciar ahí— y bajaba sus mimos al liso abdomen de su amada. Acarició su cintura, llenó de besos la parte baja del vientre, maltratándolo deliciosamente con su vello facial. Por un momento pensó en deshacerse también de los azules Jeans que aprisionaban las torneadas y morenas piernas de su enamorada, pero sabía lo mucho que ella deseaba que aquella noche fuese inolvidable y se contuvo. Cada paso del juego erótico debía gozarse a plenitud antes de pasar al siguiente y la noche era muy larga aún. Si se apresuraba, podía estropear las cosas o no darle el tiempo suficiente a su Ana de que superase los nervios y se preparase para el verdadero acto sexual.</p>
<p style="text-align:justify;">Se acercó de vuelta, donde su cuello, y le susurró al oído: “Sabes que te quiero como a nada en este mundo…” La frase se escuchó tan sincera que inevitablemente una sonrisa se desprendió del rostro de la joven. Ambos buscaron los labios del otro y se volvieron a besar apasionadamente, mientras sus manos acariciaban sus cuerpos cuanto podían. La joven metió su brazo entre su cuerpo y el de Ricardo y comenzó a desabrochar, poco a poco, su elegante camisa a cuadros. Con tres botones desatados pudo meter su mano izquierda entre la tela y palpó ese velludo pecho que tanto le enloquecía sentir. Ricardo, al darse cuenta, volvió a separarse para deshacerse de la prenda e inmediatamente se lanzó de vuelta hacia ella. Esta vez su torso, su piel, era la que hacía contacto con la de su enamorada. A ambos les fascinaba estar así, sentirse sus pieles contra las suyas en cada uno de los fajes que hacían. A pesar de eso, Ana se encontraba nerviosa, como no lo había estado en mucho tiempo. Ricardo podía sentirlo en su comportamiento, en su manera de acariciarle.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Sigues nerviosa? —preguntó en lo que mordisqueaba cerca del encaje del sujetador, donde comenzaba a crecer el joven busto.</p>
<p style="text-align:justify;">—Un poco —susurró Ana entre suspiros.</p>
<p style="text-align:justify;">—No veo porqué tengas que estarlo. —Ricardo jaló, suavemente, del tirante izquierdo del brassier, luego pasó las yemas de sus dedos por debajo de la orilla de la copa para frotar con delicadeza aquella zona. Los suspiros nerviosos de Ana se intensificaron—. En los fajes que hemos tenido hemos hecho cosas más atrevidas que éstas.</p>
<p style="text-align:justify;">—Pero esto no va a ser un faje más…</p>
<p style="text-align:justify;">—No tiene que ser algo más si tú no quieres. Podemos hacer hasta donde quieras y dejarlo hasta ahí.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¡No! Estoy segura que quiero hacerlo. ¡Sigue!</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Ana tomó nuevamente por la nuca la cabeza de su amado y hundió su rostro en medio de su busto, revelándole dónde es que quería sentir ahora sus besos. La maniobra fue bastante precipitada y torpe, delatando aún más su nerviosismo. Pero Ricardo le dejó pasar, accedió a dejarse someter y llenó de besos todo el pecho por encima de la tela del sostén. Ana sentía como su temperatura iba en aumento pero no le quitó de encima las manos a Ricardo. Incluso empezó a temblar ligeramente, y Ricardo, para no ponerla aún más nerviosa, no le mencionó aquel detalle. Él, en esa misma posición, la tomó por la cintura y la elevó ligeramente del colchón; sus manos buscaron de inmediato el broche del sujetador y, una vez hallado, lo desprendió en un abrir y cerrar de ojos, cual experto en la tarea. Con la maestría de un conocedor, se deshizo de la prenda sin tener que interrumpir sus besos y caricias. La abrazó con fuerza y besó con pasión sus labios. El beso francés se volvió inmensamente largo; la noción del tiempo ya no hacía espacio en la conciencia de ambos amantes a los que sólo les importaba sentirse el uno al otro. Los oscuros pezones de la muchacha, hinchados y endurecidos del el placer, se restregaban con la hombruna piel, con el espeso pelo del pecho de Ricardo. A él e encantaba como se sentían los senos de su amada aplastados, restregándose contra su pecho, por lo que trató de adherirse más y más fuerte mientras Ana yacía sentada encima de sus piernas, sobre aquella cama donde, de más que seguro, sus padres hacían constantemente el amor — y ahora su hija tendría su primera experiencia sexual también.</p>
<p style="text-align:justify;">Ana aún temblaba, sabía que a cada instante estaba más cerca de enfrentar el acto sexual, la cópula; que dentro de poco empezarían las caricias y juegos que ella jamás había hecho y que deberá de efectuar. Pensarlo no sólo le hacía sentirse nerviosa e insegura sino también emocionada y ansiosa, y, poco a poco, los  primeros fueron dando paso a los dos últimos.</p>
<p style="text-align:justify;">De repente Ricardo soltó sus labios y pasó a recostar a su pareja en medio del colchón. Bajó sus manos y su rostro, dirigiéndolos a ese vientre bajo a llenarlo de besos y caricias con más frenesí que la última vez. Se detuvo justo en el botón que abrochaba los azules jeans y lo desabrochó; fue besando la piel que iba quedando descubierta conforme se abría la cremallera. Una braga azul rey se desveló. Aquel precioso bikini con encajes de flores en los costados era nuevo. Ana lo había comprado precisamente para la ocasión. Que fuese de aquel color no era ninguna coincidencia: el azul es el color favorito de Ricardo. El azul rey que ahora galardonaba y cubría la intimidad de la ocurrente niña, como si la misma fuese un regalo elegantemente envuelto para luego ser abierto por el destinatario. A Ricardo no le costó entenderlo y sonrió ante tan divertido y curioso detalle. Admiró la belleza de su moza novia y, con su ancha y vigorosa mano, mimó, por encima de la suave tela, aquella  zona intima, pudiendo palpar, por debajo de ésta, el grueso y sedoso vello púbico, el cual estaba un poco humedecido. Lo hizo con tanta finura que Ana sintió la piel ponérsele de gallina en casi todo el cuerpo.</p>
<p style="text-align:justify;">Los jeans bajaron por los cobrizos muslos hasta sus pies, hasta que salieron, dejando a Ana con una sola prenda: su elegante braga azul. Nunca antes había estado tan cerca de mostrarse desnuda ante un hombre y el pensar en ello le excitaba de una manera tremenda, aún cuando a la vez le hacía sentir una especie de azoramiento. Pero dicho miedo, lejos de intimidarla, parecía contribuir a su excitación, a su deseo de que las cosas continuasen. Sentía vergüenza pero a la vez orgullo, pues se sabía poseedora de un cuerpo esbelto, joven y atractivo a los ojos de los hombres. La excitación que experimentaba era distintita, sin lugar a dudas, a la que sentía en situaciones distintas, como cuando ejercía su imaginación o cuando tenía pláticas atrevidas. Dicha sensación parecía emerger desde dentro hacia fuera. A menudo ella misma solía observarse desnuda y su vanidad se incrementaba y se imaginaba la admiración que produciría a sus amantes cuando estos admirasen su juventud, su beldad. Ahora ponía mucha atención en la mirada de Ricardo, que, dentro de su amabilidad y ternura, yacía, en el fondo, un emergente deseo pasional, casi instintivo, por hacerla suya. Y eso la llenaba de orgullo; saberse deseada y sensual por su Ricardo la hacía sentir muchísimo orgullo y vanidad. Deseaba también gozarle a él, a su cuerpo, pero el papel de sentirse poseída, tomada; las sensaciones que esto le provocaba le agradaban, por lo que eligió, por el momento, ponerse a la total merced de su ya experimentado novio para que este aprovechara de guiarla en esta, la que sería su primera relación sexual.</p>
<p style="text-align:justify;">Le besó las piernas desde los talones hacia los muslos. El cosquilleo le hacía soltar risillas perversas que subían de volumen conforme sentía que los labios y la lengua de Ricardo se acercaban a ese precioso bikini azul. Una vez que los besos llegaron hasta donde los muslos se unen a la cadera y rosa la tela de la prenda interior, se detuvo. Contempló que en la íntima zona, justo en medio de los muslos, la braga yacía ya  muy empapada por los líquidos lubricantes. Le besó atrevidamente ahí y Ana se estremeció del placer. Era la primera vez que le hacían algo de  esa índole.  Metió dos de sus dedos por la orilla izquierda y acarició la piel que había debajo con sus yemas. Luego trató de tirar del elástico para dejar más carne al descubierto, hasta llegar a sentir el espeso pelambre entre sus dedos.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Qué tenemos aquí?</p>
<p style="text-align:justify;">— ¡No! —Reprochó Ana con una risa desvergonzada. De inmediato se levantó para sujetarle el brazo, deteniéndole—. Déjala todavía donde está. Aún hay mucho por hacer antes…</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo sonrió con picardía y ambos aprovecharon el acercamiento de rostros para volver a unir sus bocas. Sus lenguas y sus labios bailaron entre ellos con una mezcla de cariño y deseo carnal. Sus torsos, lubricados por el sudor, se adhirieron aún más, y las caricias insaciables no se dejaron esperar. La fricción entre sus dermis, por acción a la humedad de sus serosidades, se intensificaba más y más en cuanto a sensación. El caucásico recostó bocabajo, de manera veloz y hábil, a su compañera; no quería que hubiera parte de ella que no fuese besada. Su completamente erecto pene se restregaba, por debajo de sus pantalones, en las brillantes y firmes piernas de Ana mientras le acariciaba con los labios y manos el cuello, la espalda alta y baja, hasta llegar a la zona aún restringida por el encaje de la braga y verse obligado a subir. Y a ella le encantaba sentir el peso de su enamorado encima, torturándola y, a la vez, haciéndola sentirse protegida, deseada, suya.</p>
<p style="text-align:justify;">—Para alguien que decía estar nerviosa —le susurró con amor mientras aún yacía sobre ella—, te estás mostrando muy segura y resuelta.</p>
<p style="text-align:justify;">—Eres tú quien me hace sentir así…</p>
<p style="text-align:justify;">Ana podía sentir el pene de Ricardo, a pesar de la gruesa mezclilla de los jeans, chocar con desesperación contra sus nalgas. Como si éste tuviese vida propia y ansiase salir de su prisión y encontrarse con ellas. En todos los juegos eróticos que habían tenido previamente, ella siempre le había acariciado su virilidad por encima de su trusa; jamás la había visto. Es más: Ana jamás había visto un pene que no fuese una imagen del monitor de su PC o de las revistas de sus amigas.</p>
<p style="text-align:justify;">—Quiero verlo —susurró sin titubeo alguno en su voz, tocando el objeto de su petición con su mano por encima de la mezclilla del pantalón.</p>
<p style="text-align:justify;">—Sí…</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo se separó de la morena y se sentó en la orilla del colchón. Ana se acercó, se inclinó frente a él y comenzó a desabrocharle el pantalón con algo de torpeza. Estaba emocionada y nerviosa a la vez. Bajó el cierre hasta el límite y retiró cuanto pudo la prenda, teniendo en cuenta que Ricardo yacía sentado y sus pantalones no bajarían más allá de los  glúteos.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces miró el miembro, aprisionado por la tela de los bóxeres negros, y se preguntó si éstos no debían de ocasionarle dolor a Ricardo de la enorme presión que ejercían sobre su miembro. Se le figuraba como una especie de prisionero atado con demasiada fuerza, luchando por escapar. Se preguntó a si misma, de forma socarrona, cómo era posible que ni el pene ni la trusa se rindiesen y ni uno de los dos se rompiese. Agarró el bóxer por el elástico y lo bajó hasta liberar a su prisionero.</p>
<p style="text-align:justify;">Fue la primera vez que lo miró. Era grueso, de un tono un poco más oscuro que el de la piel de su caucásico dueño y con el glande extraordinariamente rojo, tan hinchado por el flujo sanguíneo que brillaba. Una gran cantidad de vello lo adornaba abajo, pero a ella esto no le sorprendía; ya lo suponía dada la similar condición de los brazos, las piernas, el pecho y el abdomen de su Ricardo. Ana se ruborizó, su respiración se intensificó al igual que su excitación y se quedó paralizada, sin saber que es lo que debería hacer de tantas ideas que se le vinieron a la mente. Lo único que alcanzó a susurrarle a Ricardo fue: “Es precioso…”. Iba a tocarlo cuando Ricardo le detuvo.</p>
<p style="text-align:justify;">—Espera, debo ponérmelo antes. —Hurgó en sus bolsillos y sacó un preservativo. Ricardo iba a acercar la bolsita a su boca para morderla y abrirla cuando Ana tomó su mano y le preguntó con timidez:</p>
<p style="text-align:justify;">—Me… ¿me dejas ponértelo yo?</p>
<p style="text-align:justify;">—Si quieres.</p>
<p style="text-align:justify;">Tomó el condón y lo abrió con cuidado. Ya había visto y tocado antes otros en compañía de sus curiosas amigas, quienes le presumían que ya cargaban con estos en sus bolsos; pero ésta sería la primera vez que le pondría, ella misma, a un hombre, uno.</p>
<p style="text-align:justify;">—Hazlo con cuidado —le aconsejaba—. No tengas miedo, tengo otros condones. Tienes que irlo desenrollando poco a poco. No debes dejar que se queden burbujas de aire…</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya lo sé, no me trates como a una niña —dijo un poco enfadada.</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya casi terminas… Recuerda que tiene que llegar hasta mero abajo. ¡Ya está!</p>
<p style="text-align:justify;">Ana contempló como se veía ahora el pene de su novio revestido por el látex. “Muy ‘elegante’” pensó con malicia. Dicho material le hacía brillar en lo que también estilizaba su silueta. Comenzó a acariciarlo con timidez, a masajear con sus dedos el glande y a jugar con la pequeña protuberancia que servía para depositar el semen. Acercó más su rostro, sus intenciones podían claramente adivinarse así como también se notaba su indecisión y los nervios que no le dejaban tomar una decisión. Hasta que finalmente volteó a ver a los ojos a Ricardo, se acercó a su oído y le susurró casi sin aliento:</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Puedo…?</p>
<p style="text-align:justify;">—Adelante. —Ricardo podía intuir en la mirada de su novia que era lo que ella deseaba hacer.</p>
<p style="text-align:justify;">La joven titubeó pese al permiso recibido por su novio —los nervios le inquietaban mucho—, como si aún estuviera insegura. Aún así, tomó todo el valor que pudo, acercó sus labios, cerró los ojos y le plantó un pequeño y suave beso en el glande. Luego dio otro con mayor confianza y luego otro más. La intensidad con que los fue dando aumentó conforme superaba su miedo. Comenzó a abrir más los labios al momento de darlos y a dejar que su lengua también rozase el resto de la cubierta piel. Cuando se dio cuenta, ya se había atrevido a meter toda la punta del miembro en su boca y a darles pequeños y tímidos mordiscos. Su manera de hacerlo era torpe, como la de cualquier novicia. Ni siquiera trató de recordar los consejos y técnicas que había leído en las revistas mientras trataba de pasar su lengua por todo el tronco hacia la cabeza. Era algo que debía aprender ella misma y, así, gozar el privilegio de descubrir y reinventar aquellas tácticas por sí sola. El sabor del látex, casi insípido y artificioso, no le agradaba mucho a la joven. Sin embargo, trataba de ignorarlo, imaginándose cuál habría de ser el verdadero sabor del miembro de su amado. Quizá tendría que ser muy parecido al de su piel… quizá. Ya habría después la oportunidad de comprobarlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Así continuaron una considerable ración de tiempo. Ricardo le acariciaba el cabello, tratando de transmitirle cariño y confianza. Podía sentir todavía su nerviosismo, a través de sus torpes besos y succiones, pero sabía que sólo era  cuestión de que superase sus nervios; pues su instinto, pese a todo, parecía guiarle bastante bien. Luego de unos minutos de suaves besos y chupadas, Ana trató de ir más lejos: quiso, imitando las muchas escenas pornográficas que había visto, introducir todo el pene de Ricardo en su boca. Pero desistió al ver que no era tan fácil pues estaba demasiado espacioso. Y el glande, al rozar con su garganta, le provocó unas colosales nauseas. Tosió como si estuviese atragantándose, de inmediato se lo sacó y se volteó a otro lado a recuperar el aliento.</p>
<p style="text-align:justify;">—No te desesperes. —Ricardo, al verla, se apresuró a calmar sus carraspeados y a asegurarse que se encontraba bien—. No intentes meterlo todo. Sólo hasta donde puedas, sin forzarte.</p>
<p style="text-align:justify;">Ana le aseguró que no había pasado nada y asintió un poco avergonzada. Comprendió que el acto sexual no siempre llega a ser como tratan de pintarlo en la Web y los videos caseros. Le pidió a Ricardo que se recostase en la cama para facilitarle la felación. Se acercó otra vez a la entrepierna de su novio y se dispuso a seguir dándole nuevamente sexo oral. Esta vez, siguiendo su consejo, sólo se introdujo la mitad del miembro en la boca. Lo chupaba y lamía tan bien como ella podía. Una vez que fue perdiendo más pudor, incrementó la velocidad de sus mamadas, introduciendo y sacando el cilindro de carne sin sacar el glande. Trataba de que sus succiones no fuesen muy fuertes pues temía desacomodar el preservativo o romperlo. De vez en cuando se atrevía también a mordisquearlo peor sin la mayor fuerza, temiendo que el condón se rompiese. Los leves pujidos de Ricardo comenzaban a indicarle que él estaba gozando ampliamente y eso la motivó más.</p>
<p style="text-align:justify;">—Para ya. No sería conveniente que ahora mismo me viniese y tú te quedaras sin estrenar —acotó un Ricardo que carecía de aliento suficiente.</p>
<p style="text-align:justify;">Ana rió aún con el pene en la boca. Hizo caso de la advertencia, se separó de su entrepierna y se echó sobre los brazos de Ricardo, riéndose de lo que acababa de hacer. Fue la primera vez que dio sexo oral a un hombre y, por la expresión que vio en el mismo, sabía con vanidad que lo había hecho, dentro de sus límites como novicia, muy bien.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Te gustó? — preguntó Ana con grandilocuencia. Ricardo le contestó con un beso apasionado y la recostó de vuelta en el centro de la cama, colocándose de nueva cuenta encima de ella.</p>
<p style="text-align:justify;">Y las caricias mutuas se reanudaron. Esta vez Ricardo jugaba con los pezones de Ana, apretándolos con sus dedos y frotándolos mientras besaba y lamía el espacio que hay entre sus senos, esta vez sin la tela del brassier en medio para amortiguar la sensación. Ana gemía del placer y se aferraba con fuerza a los hombros de su enamorado, enterrándole, inconscientemente, sus uñas. Pese al pequeño escozor que esto le provocaba, Ricardo no se detuvo, dirigió sus besos hacia cada rincón de los preciosos senos de la joven, desde el nacimiento hasta llegar a la cima, dejando las rojísimas aureolas hasta el final. Ana se doblaba hacia arriba del placer y sentía que sus pezones estallarían si no eran besados de una buena vez. Con sus piernas bien abiertas, Ana podía sentir la punta del miembro de su enamorado frotarse con fuerza sobre su zona íntima por encima de la delgada y mojada tela. En cierta forma eso le hacía recordar que todas aquellas caricias no eran más que un juego preliminar y que el verdadero acto carnal estaba aún por venir. Que lo que hasta ahora había salido bien, quizás se complicaría debido su falta de experiencia. Que ya había hecho muchas veces las caricias a la que estaba siendo sometida aunque en menor grado y que por eso le resultaba, por el momento, fácil el efectuarlas. Que, así como en la felación, durante el coito podría cometer un error, fruto de sus falsas concepciones de la sexualidad, o, por el contrario, en el caso de que decidiese tomar un rol completamente pasivo, caer en algo fatídico y poco agraciado para la tan esperada ocasión. El nerviosismo y las ansias empezaron a volver y no sabía si lo mejor sería que el juego erótico se extendiese más para que pudiera pensar en la mejor manera de enfrentar el pleno acto sexual o que éste terminase de una vez para impedirle que se siguiesen integrando más temores que, de seguro, eran mal fundamentados e inútiles.</p>
<p style="text-align:justify;">Una explosión de gloria atravesó las fibras nerviosa de la morocha cuando al fin el ingrato Ricardo se dignó a lamer uno de los más que erectos pezones suyos. La tensión empezaba ya a ser aliviada luego de tanta tortuosa espera y la joven hasta tuvo que sujetar la nuca de su enamorado para evitar que se detuviese en un buen rato. Dicho pezón de su pecho izquierdo fue besado, chupado, mordisqueado, succionado, manipulado de todas las formas que al gallardo hombre se le ocurrían. Y Ana estaba bastante lejos de desear que parase; no recordaba haber llegado a sentirse tan deseosa en ninguna otra experiencia ni con Ricardo ni con ningún otro de sus novios anteriores. Su inseguridad volvió a esfumarse. Había decidido dejar de pensar tanto las cosas y entregarse a sus deseos, en disfrutar cada caricia del presente sin preocuparse por las que vendrían sin temerle a las consecuencias o al cometer torpezas. Con su novio jugando aún en sobre su busto, llevó su mano diestra a buscar el intruso que le torturaba con roces constantes su entrepierna y lo sujetó con fuerza por la cabeza. Misma que manipuló con su pulgar e índice. Al no sentirse satisfecha, dirigió la punta de aquel pene contra su propia vulva y frotó de arriba hacia abajo. La tela de la braga estaba ya tan empapada que casi se sentía como si ambas carnes estuvieran en contacto. Y unos deseos enormes de que así fuese se apoderaron de Ana y casi estuvo a punto de gritarle a su novio que le quitase ya la braga porque quería sentir su falo bailar entre su monte de venus y sus labios vaginales. Pero era orgullosa y había decidido que dicha prenda debía permanecer ahí hasta el momento de entregarse al acto sexual pleno y no antes. Sin embargo, Ricardo ya podía intuir, por sus maniobras, que su novia ya deseaba ser también acariciada en su entrepierna, e intentó, otra vez, tirar del encaje y bajarle la prenda interior sin dejar de comerse los pechos a su compañera. Pero Ana se dio cuenta de inmediato y le sujetó la traviesa mano a tiempo.</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya te dije que no. ¡Hasta que yo te diga! —Le advirtió con severidad actuada.</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo detuvo sus caricias bucales, miró a los ojos a Ana, con una fingida mueca de infantil disgusto, y dijo:</p>
<p style="text-align:justify;">—Eres mala.</p>
<p style="text-align:justify;">—No me importa. Pero la braga se queda en su lugar hasta que yo diga.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿O sea que no puedo tocar aún?</p>
<p style="text-align:justify;">Una risilla se escapó de la joven. —Toca cuanto quieras, pero no vallas a quitármelo aún. Eso no.</p>
<p style="text-align:justify;">Su enamorado también rió y se apresuró a bajar hacia las féminas piernas a observar el tan importante trozo de tela. De broma se imaginó que, pese a lo delgado y revelador que era, estaba cumpliendo casi la misma función que la de un cinturón de castidad. Pensar en eso le molestaba mucho y, a la vez, le divertía como si un reto para él fuese. Dicha braga ya estaba más mojada que la primera vez que la había observado y gracias a eso, el oscuro y espeso vello que yacía debajo se lograba traslucir si se miraba con atención. Posó la palma de su mano encima y comenzó a masajear la zona con suavidad y constancia. Ana soltaba risillas tal y como si estuviese sintiendo cosquillas, cuando, en realidad, lo que sentía era un placer divino de lo bien que su novio le estaba agasajando su zona sur. Sentir su propia humedad en la fría tela friccionándole le enloquecía, Todas la fibras sensibles de su entrepierna externa estaban unánimemente reaccionado y sus gemidos eran corroboraciones de tal. Si instinto le hacía levantar las piernas, apuntando hacia el techo, para facilitarle más acceso a su masajista. Los líquidos lubricantes comenzaban a fluir con más abundancia; eran imparables y llegaron ahora sí a mojar las sábanas.</p>
<p style="text-align:justify;">—Es una pena que no pueda meter mano por culpa de ese calzón feo —gruñó el mozo novio.</p>
<p style="text-align:justify;">—Yo no… yo no dije que no podías meter la mano… —alcanzó a decir con el poco aliento que lograba conservar—. Dije que no podías quitármelo.</p>
<p style="text-align:justify;">Y Ricardo sólo atinó a sonreír como un niño al que le dan permiso de salir a jugar.</p>
<p style="text-align:justify;">—Ya veo… —deslizó su índice por debajo del encaje hasta sentir el mojado pelambre marcar el inicio de la zona que tanto deseaba explorar. ¿Y qué si aún tendría que esperar para admirarla con la vista? Sentirla era incluso más satisfactorio. Tres de sus dedos se metieron y se enredaron con los largos y sedosos vellos. Desde ahí continuaron con el masaje. Ana tenía deseos de ordenarle a su Ricardo que no titubease más y que explorase “más adentro”, pero se aguantó tales ganas y se dispuso a que este le diese placer como él sabía hacerlo: con lentitud para dar tiempo de gozar cada caricia, antes de pasarse a lo siguiente. Los dedos recorrieron desde el suave monte de Venus hasta los labios externos y la comisura posterior sin adentrarse aún en lo demás. Subían y bajaban con un tacto tan exquisitamente fino que no daba margen de que la excitación disminuyese. Y de repente, un dedo, el más pequeño, sin aviso alguno, tocó el prominente clítoris que ya se asomaba por la parte superior de los labios vaginales. Un fuerte quejido se escapó de los labios de la propietaria, quien se sentía en el cielo. Nunca antes había sido acariciada piel a piel en su intimidad por otra mano que no fuese la suya, Ricardo estaba siendo muy privilegiado al hacerlo ahora. Ana se revolcó sobre su propio eje cuando su novio empezó a acariciar su pequeño botoncito del placer. Lo hacía de manera muy correcta. No como aquellos míticos amantes expertos pero sí con un método acertado, teniendo en cuenta que la mayoría de los hombres jóvenes fracasan al intentar estimular aquel órgano tan especial —el único cuya única función es la de provocar placer—.</p>
<p style="text-align:justify;">— Ricardo… ¡Ricardo! ¡Ya no aguanto! —El color se le subió por completo al rostro. Sus caderas se revolvían de un lado al otro. Ana sentía que podría venirse estrepitosamente en cualquier momento y, sin embargo, Ricardo no interrumpía su labor. Tanteando los gemidos de placer de su novia, Ricardo paró antes de provocarle el orgasmo y la miró con la misma malicia y satisfacción con la que miran los niños traviesos la maldad que han incitado.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Entonces nunca has sentido un orgasmo nunca?</p>
<p style="text-align:justify;">—No… nunca.</p>
<p style="text-align:justify;">—De haber querido te pude haber provocado uno con sólo darte este masaje. ¿Quieres que lo haga o prefieres que intente dártelo durante el coito?</p>
<p style="text-align:justify;">—No —respondió de inmediato—. Sería de lo más bello que mi primer orgasmo viniese junto a mi primera relación.</p>
<p style="text-align:justify;">—Dime si ya te sientes lista o si prefieres continuar con otros juegos.</p>
<p style="text-align:justify;">Hubo unos instantes de silencio salvo por los fuertes respiros de la joven. El momento había llegado y realmente no le serviría de mucho pedir más tiempo, pues su excitación ya estaba casi a tope y era por demás evidente que era la suficiente para iniciar el acto principal. Aún no se recuperaba de la agitación pero debía ser fuerte y, sobre todo, valiente y afrontarlo. Cerró los ojos y asintió con la cabeza, acompañando dicho ademán con una mueca que asemejaba una sonrisa.</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo mostró una mezcla de alegría y ternura.</p>
<p style="text-align:justify;">—Entonces ¿ya puedo quitártelo?</p>
<p style="text-align:justify;">—Sí. Pero cierra los ojos.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Qué?</p>
<p style="text-align:justify;">—Es que no quiero que me veas —su voz se oía claramente sátira—. Me da vergüenza.</p>
<p style="text-align:justify;">Ambos rieron ampliamente.</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo, lenta y sensualmente, fue retirando la prenda interior de color azul rey de la bragadura de la aún virgen. Tal como le había pedido su amada, lo hizo con los ojos cerrados. No los abrió hasta que la prenda salió por los pies de la muchacha dejándola con si piel como único vestido, como una Venus preparada para ser tomada por quien es amada y ama. Entonces y sólo entonces abrió los ojos y la contempló, a su bella novia Ana, por primera vez despojada de todas sus prendas. Admiró la juvenil belleza de cada parte de su cuerpo. Ella sentía su vanidad agigantarse. Ver los ojos de Ricardo devorándola la enorgullecían de estar ya sólo a un paso de entregarle su cuerpo.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces el robusto joven acomodó en perfecta posición las piernas de Ana y se recostó sobre ella sin recargarse excesivamente. Tomó su pene y lo acercó al sexo de su compañera. Ana, al verlo hacer esta maniobra, sintió un poco de miedo y cerró los ojos. Ricardo examinó bien su miembro y verificó que el preservativo aún se encontraba en buen estado, llevó su glande entre los labios abiertos de la entrepierna de su paciente novia y lo frotó de arriba a abajo, rozando el erecto clítoris. La joven hizo una mueca de placer y nervios y sintió que el corazón quería salírsele del pecho. Era la primera vez que su vagina tenía verdadero contacto con un pene, rozándose directamente —aunque el látex hacía dicho contacto meramente virtual—. El bálano siguió haciéndose paso hasta llegar a los labios menores, luego siguió hasta llegar, finalmente, a la entrada vaginal. Ana movió sus piernas por mero reflejo pero de inmediato se controló y regresó a su posición. Fue ahí donde Ricardo incrustó la punta de su miembro y se detuvo. La morena amante abrió los ojos y miró a su enamorado acercándose a su oído. Éste le susurró.</p>
<p style="text-align:justify;">—Y bien… ¿No hay nada que quieras decir antes de tener tu primera relación?</p>
<p style="text-align:justify;">Ana sonrió, se acercó a la oreja de Ricardo y le contestó:</p>
<p style="text-align:justify;">—Sí. Te amo.</p>
<p style="text-align:justify;">—Eso ya está muy trillado —rió.</p>
<p style="text-align:justify;">—Pero es la verdad.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces el enérgico varón se dio a la tarea de empujar su virilidad lentamente, introduciéndola con minucioso cuidado. Ana cerró los ojos, pensó fugaz: “Llegó el momento”, y se aferró con fuerza al cuello de su amado mientras este hacía su labor.</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo fue muy cuidadoso. Su miembro fue descendiendo mansamente, con suavidad, por el estrecho andar de Ana. La jovencilla estaba perfectamente lubricada y su excitación previa era más que se requería para estar lo obligatoriamente dilatada, por lo que n tendría que haber ningún peligro de lastimarla. Pese a eso, Ricardo no quería correr riesgos y así continuó hasta que, por fin, una pequeña resistencia le indicó que el tan esperado himen se encontraba en frente.</p>
<p style="text-align:justify;">Ana volvió a abrir los ojos y una pizca de sus temores la abordaron una vez más.</p>
<p style="text-align:justify;">—Tranquila. Eso de que siempre duele, y mucho, no es cierto. Si te relajas, apenas y lo vas a sentir.</p>
<p style="text-align:justify;">—Confío en ti —suspiró Ana en respuesta.</p>
<p style="text-align:justify;">El paciente novio continuó empujando su miembro con la misma lentitud pero con un poco más de fuerza que antes. El himen se fue estirando conforme trataba de vencerlo el feroz bálano. El dolor comenzó a hacerse presente en la joven, pero, tal como había dicho su novio, éste no era insoportable como muchas veces esperaba que lo fuera a ser. Así que se abrazó más fuerte a Ricardo y le animó a que prosiguiera sin miedo. El himen se estiró más y ya estaba a punto de romperse. Aunque el dolor había incrementado, Ana evitó hacer cualquier gesto de molestia. Ricardo supo que la membrana ya estaría por ser destruida y le dio el último empujón a su miembro.</p>
<p style="text-align:justify;">Un quejido apagado salió de la joven; ésta apretó sus dientes y encajó sus uñas en el cuello de su enamorado. Ricardo sabía que aquello era el ardor de su membrana desgarrada y en unos instantes se le iba a pasar. Y así fue; el dolor pasó y ahora la joven mujer sólo sentía el placer.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Ves? Ya pasó —Ricardo continuó su labor. El grueso miembro se siguió abriendo paso por el estrecho pliegue hasta topar con la matriz. La primera penetración estaba hecha y había salido a pedir de boca.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¿Cómo te sientes?</p>
<p style="text-align:justify;">Ana no supo que contestar, pero, aparentemente, su expresión ya lo había hecho pues Ricardo sonrió satisfecho. La sensación fue, para Ana, bastante especial. Era sin duda una sensación de placer, de esas que te hacen querer seguir sintiéndolas; pero, a pesar de eso, definir exactamente como se sentía le resultaba imposible, al menos en ese momento, a Ana —a menos que copiase algunas frases literarias que había leído sobre el acto sexual—. Sólo de una cosa estuvo lo suficientemente segura:</p>
<p style="text-align:justify;">— ¡No te detengas!</p>
<p style="text-align:justify;">Obviamente con tener los sexos fundidos en uno sólo no era el acto completo y aún faltaba lo mejor. Ricardo ahora tenía que empezar las embestidas. Primero lo hizo casi tan lento como la primera penetración, luego fue incrementando su velocidad. El coño de Ana estaba perfectamente lubricado y no había porqué temer. En cuanto el joven amante lo comprobó, intensificó el ritmo de sus penetraciones mientras permanecía atento a las reacciones de Ana. Ella, por su parte, pujaba de placer y aunque aguantar aquel ritmo le parecía agotador, la excitación y la gloria que sentía le hacían desear que su novio no se detuviese.</p>
<p style="text-align:justify;">Ricardo le aconsejó que también colaborase moviéndose a su mismo ritmo para incrementar el movimiento. También le dijo que trataría de aguantar lo más posible para intentar llevarle al orgasmo, aún si él luego no lo alcanzaba. Esos fueron los minutos más maravillosos que hasta ese momento Ana había supuesto que había tenido en su vida. Ninguna caricia, ningún otro juego erótico podía compararse con el acto pleno y verdadero. Ahora ella sería una mujer y dicho acto estaría presente, sería parte de su vida. Sería una nueva necesidad que se añadiría a las demás, tales como la amistad, el cariño de otras personas, la salud, la soledad momentánea. En su vida adulta le esperarían muchas nuevas experiencias; afrontaría la vida de una nueva forma. Y éste sólo sería una de las tantas gratas cosas que le acompañarían. El amor es el amor, y la carne, la carne. Sin embargo, una viene casi siempre luego de la otra aunque no imposible que se den por separado. El sexo es una de las tantas actitudes de la vida de un ser humano y ella se sentía feliz de que su primera experiencia en dicha actitud, saliese, pese a su nerviosismo y temores, tan bien como ella deseaba. Pero no era de sorprenderse. Cuando se tiene a alguien tan excepcional como Ricardo, es por demás inverosímil que las cosas salgan mal. No por nada le había dado su amor y su total confianza.</p>
<p style="text-align:justify;">— ¡Ricardo! —Los gemidos de la joven eran abrumadores. Todo parecía indicar que el clímax estaba muy cerca…</p>
<p style="text-align:justify;">—Eso es… ya estás por venirte. Sólo déjate llevar. A la una, a la dos… y a las…</p>
<p style="text-align:justify;">— ¡Aaaaahhhhhhh!</p>
<p> </p>
<p><em><span style="color:#ff0000;">Pues eso es todo xD. Como justificación puedo argumentar que las últimas cinco hojas las escribí en el último momento y ya ansiaba terminarlo de una maldita vez. De lo contrario tal vez hubiese quedado un poco más larga. Pero creo que así quedó decente. ¿Críticas?</span></em></p>
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			<media:title type="html">Animetrixx</media:title>
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		<title>Profile De Ficker</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jul 2009 01:28:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>anmtrxx</dc:creator>
				<category><![CDATA[Animetrixx]]></category>
		<category><![CDATA[fanfictions]]></category>
		<category><![CDATA[Profile]]></category>

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		<description><![CDATA[  ¡Animetrixx está de regreso!       Y para festejarlo, he aquí mi nuevo, mejorado, corregido y aumentado profile de fanfiction.net. ¡Comenzamos!   Nomnbre Clave: Animetrixx. Nombre real: Si estuviera dispuesto a revelarlo no me hubiera puesto este nombre tan n00b, ¿no creen? ¬¬ Nombres alternativos: Ani (parece de niña pero me chupa un [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fickeranimetrixx.wordpress.com&amp;blog=8493756&amp;post=7&amp;subd=fickeranimetrixx&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><span style="color:#ff0000;"><strong><img class="size-full wp-image-29 aligncenter" title="0601mikami-teru2" src="http://fickeranimetrixx.files.wordpress.com/2009/07/0601mikami-teru2.jpg?w=328&#038;h=480" alt="0601mikami-teru2" width="328" height="480" /></strong></span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong> </strong></span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong>¡Animetrixx está de regreso!</strong></span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong> </strong></span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><strong> </strong></span></p>
<p> </p>
<p>Y para festejarlo, he aquí mi nuevo, mejorado, corregido y aumentado profile de fanfiction.net. ¡Comenzamos!</p>
<p> </p>
<p><strong>Nomnbre Clave:</strong> Animetrixx.</p>
<p><strong>Nombre real:</strong> Si estuviera dispuesto a revelarlo no me hubiera puesto este nombre tan n00b, ¿no creen? ¬¬</p>
<p><strong>Nombres alternativos:</strong> Ani (parece de niña pero me chupa un testículo), el cereal otaku, chico trixx, metrixx, pervertido (este dado por la mayoría de mis amigas chicas xD), Cartoon Network (por eso de que tengo nombre de canal infantil, ja, ja, ja)… tengo otros nicks, pero esos son para otras identidades que manejo cuando no estoy viendo manganime y escribiendo fics de estos.</p>
<p><strong>Edad: </strong>¿Debo decirla? Bah. Dentro de poco cumpliré los 22, quizás ya los tenga cuando leas esto.</p>
<p><strong>Pasatiempos:</strong> No hacer nada, meterme en lo que no me importa, <span style="text-decoration:line-through;">estuprar chicas por la web</span>, leer porno, ver videos porno, escribir fics porno, betear fics porno (excepto slash/yaoi y femslash/yuri), molestar a mis amigos(as), pervertirlos, dejar que me perviertan más de lo que ya estoy, andar de ocioso, escribir fics no-porno, pensar en cosas porno, leer mangas porno, ver animes con fan service del nivel de Ikkitoussen y buscar, entre tanto hentai barato, uno que valga la pena ver, comer comida chatarra —aprovechándome de que por más que trago continuo estando flaco—, jugar Pokémon (mi code friend es: ######### n_n), <span style="text-decoration:line-through;">bajarme hentai de Pokemon,</span> escribir nombres de personas que odio en mi libreta negra y frustrarme porque no se mueren, etc, etc, etc…</p>
<p><strong>Comida favorita:</strong> ¡Pizza! También me gusta: las patatas fritas, el chocolate, las gomitas con chile, la goma de mascar sabor mentol y el refresco de Cola (soy un gurú de la sana alimentación xP).</p>
<p><strong>Fandoms:</strong> Como lector, me gustan los fanfictions de:</p>
<ul>
<li><strong>Hellsing.</strong> —me encantó el manga, ya que está repleta de referencias a la obra de Stoker. El final estuvo medio piratón, pero no me quejo, pues fue un final abierto que te deja fantasear sobre lo que pasará después.</li>
<li><strong>Death Note</strong> —ésta historia es, en definitiva, la que más me ha llegado; su mensaje en cuanto a la verdadera concepción de la justicia y el como dicha postura se sustenta a través de los hechos acontecidos en la historia, es brillante. El final fue de lo mejor, lástima que ésta haya sido mutilado en la adaptación a Anime y en las películas live action que son casi tan chafas como la de Dragon Ball. Mi escena favorita es aquel flash-back donde Light recuerda la advertencia de Ryuk sobre utilizar el Death Note; me fascinó, pues, porque dijo algo que hace años había yo mismo descubierto y, aunque me hizo deprimirme por un tiempo, me dio luego la fuerza para vivir sin volverme un esclavo del puto sistema. Un humano que use el cuaderno no debe preocuparse por ir al cielo o al infierno, porque él, como asesino, debía estar consiente de la realidad: “Ni el cielo ni el infierno existen, al morir irás al mismo lugar que todos los otros humanos”. Sí, el destino que todos merecemos es el mismo, hay que dejar a un lado el egocentrismo y la hipocresía y estar conscientes de que todos valemos por igual, que separar, así nada más, lo bueno de lo malo es una arbitrariedad abominable, venga de dios, venga de quien sea. Todos iremos al mismo lugar y tendremos el mismo destino a final de cuentas: volvernos nada y perder nuestra conciencia (¿o qué creían?, ¿que rezando un padre nuestro al día se ganarían un lugar que no merecen? ¡Ja! ¡Me dan pena aquellos ilusos que pertenecen a sectas religiosas y entregan su presente a cambio de un futuro que no vendrá, todo por no poder superar de manera madura el miedo a morir.)</li>
<li><strong>Gantz</strong> —Uno de los mejores seinen que ha habido; en lo particular, mi favorito. Después de 10 años de haber visto la luz, se nos viene la recta final y es aquí donde las cosas se van a poner interesantes (siempre que no termine teniendo un final estilo Evangelion o Doraemon xD.)</li>
<li><strong>Dragon Ball</strong> —Como todo niño del planeta tierra, crecí, irremediablemente, bajo las influencias de esta <span style="text-decoration:line-through;">estúpida</span> maravillosa serie. Aún a mis años me entretengo viendo, por enesima vez, escenas épicas como la derrota de Cell o la destrucción de Majin Boo, y me río con las ocurrencias del sensei  más pervertido (toma eso, Jiraiya) o de Mr Satán.</li>
<li><strong>Love Hina</strong> —Mi historia de amor predilecta, no me canso de leer la historia de amor de Keitaro y Naru, su manera (muy a su manera) de quererse me da envidia y hace fantasear que, al igual que Urashima, los frikis podemos salir adelante y dejar de ser unos loosers si luchamos con todas nuestras fuerzas y la suerte se apiada de nosotros xD.</li>
<li><strong>Slam Dunk</strong> —Hanamichi Sakuragi es uno de los personajes de Anime que más admiro, y es que lo tiene todo: es gracioso, tiene un sueño y lucha por alcanzarlo, es fuerte y no se deja intimidar por los otros jugadores, pese a su condición de novato. Este manga es de lo mejor, pues demuestra que para emocionarte y sentir el espiritu de lucha, de competencia, no siempre es necesario irse tan a lo fantasioso. A diferencia de Captain Tsubasa, Slam Dunk te lleva de la mano a conocer el maravilloso mundo del Básquetbol, por lo que no es necesario que seas fan de este deporte para entender la historia y engancharte a la misma, todo lo que necesitas saber se te explica de manera pertinente y te hace engancharte a la trama, donde los partidos se cuelven una verdadera oda a la grandeza del espíritu humano.</li>
<li><strong>Lucky Star</strong> —Es taaaaaan graciosa, este nuevo tipo de comedia iniciado por series como esta y Susumiya Haruhi me encanta.</li>
<li><strong>Saint Seiya</strong> —Otro clásico que no puedo dejar de mencionar, dado que su influencia que lo hace estar aún vigente en los fans de la animación japonesa, es indiscutible. Aún no he podido leerme los nuevos mangas de la serie pero garantizarles que muero por tenerlos en mis garras.</li>
<li><strong>Pokémon</strong> —He visto este Anime desde niño y, como fan de hueso colorado y pinto, soy de los pocos que pueden presumir que aún se interesan por verlo y saber si el desgraciado enano traga-años de Satoshi podrá, algún día, cumplir su guajiro sueño de ser maestro Pokemon, o, si al igual que en el videojuego, resulta que no hay ningún final fijo y aunque llenes la pokedex, venzas al alto mando 2648937292837 veces, pases la battle frontier, ganes todos los contests y tengas 26383946 victorias seguidas en la torre de batalla, siempre haya algo más que hacer para toda la eternidad y los siglos de los siglos xD.</li>
<li><strong>Elfen Lied</strong> —adoro este manga. Bando me cayó de lo mejor (es la leche entre los quesos) y el mensaje de hacer conciencia sobre las consecuencias de las discriminación, aunque un poco gastado, sigue siendo un tema que vale la pena ver.</li>
<li><strong>Full metal Alchemist</strong> —Al igual que con Death Note, el mensaje que llevó me hizo cambiar algunos aspectos de mi concepción de la vida. “Los muertos no pueden volver a la vida”, “Aún la guerra más lejana se hace presente en todos nosotros, pues en parte somos responsables también”, “Si vuelas cerca del sol, sólo te quemarás”… jajajaja, el manga aún no termino de leerlo bien, pero ya estoy viendo la nueva versión animada que es fiel al argumento original, salvo algunos insignificantes detallitos.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"><span style="color:#ff0000;"><strong>//O//O//O//O//O//O//O//O//O</strong></span></p>
<p align="center"><span style="color:#0000ff;"><em>El día en que el suicidio se ponga de moda, el mundo se librará de todos los idiotas.</em></span></p>
<p align="center"><strong>//O//O//O//O//O//O//O//O//O</strong></p>
<p align="center"> </p>
<p>A continuación, una lista de los objetos y demás posesiones que me gustaría tener (y que por no ser posible tenerlas, terminaré frustrándome y matándome.)</p>
<p> </p>
<ul>
<li>– Un retrato mío que envejeciera en mi lugar.</li>
<li>– Un traje negro que me diera fuerza y resistencia sobrehumana y que, además, me dejase volverme invisible con ayuda de un radar especial (incluido en el traje.)</li>
<li>– Un cuaderno negro con muuuuchos nombres de personas escritos en él (casualmente, todas las personas de la lista están muertas, y si anoto el nombre de alguien que conozco que aún sigue con vida, el susodicho pasa también a estar muerto).</li>
<li>– Una maldición.</li>
<li>– Una pistola calibre 50 con balas de tungsteno (¡tan pesadas que ni las chicas-Neko asesinas de pelo rosado podrán desviarlas!).</li>
<li>– Un automail por brazo derecho.</li>
<li>– Una inocencia del tipo parásito en mi brazo izquierdo.</li>
<li>– Un bakyugan en mi ojo izquierdo <span style="text-decoration:line-through;">(para ya no tener que calcular el tamaño y color de los pezones de las chicas por cosas como su color de piel, su edad, sus hábitos alimenticios, etc</span>…)</li>
<li>– Un ojo de shinigami derecho (para ya no tenerles que preguntar su nombre a las chicas lindas, y que cuando estas pasen, yo solo les grite: “Hola –inserte nombre–, que buena estás.”)</li>
<li>– Un tercer ojo (como el de Ten Shin Han o como se escriba), pero este tendría el poder de hacer que las personas me obedezcan una sola vez y sin rehusarse a mis órdenes. Créanme que no quieren saber para qué lo quiero xD.</li>
<li>– Un brazalete súper poderoso que vino del espacio, que me dé la habilidad de transformarme en 10 diferentes personajes de Anime; los cuales serían: Guko, Light Yagami, Kei Kurono, Mikami Teru, Roy Mustang, Hatanabe Kakashi, Monkey D. Luffy, Ikki de Fenix, Alucard (Hellsing) y Seshomaru.</li>
<li>– Una poderosa coalición de ejércitos griegos, guardados dentro de un enorme caballo de madera.</li>
<li>– Un Charizard shinny (de carne y hueso.)</li>
<li>– La armadura de Hades.</li>
<li>– Y la de Tanatos.</li>
<li>– Y la Kamei de Fénix.</li>
<li>– Las botas de Chuck Norris.</li>
<li>– El sombrero tejano de Chuk Norris.</li>
<li>– El control absoluto sobre Fanfiction.net</li>
<li>– Una de las novelas eróticas escritas por Jiraiya.</li>
<li>– Un psiquiatra capaz de curarme de  mi frikismo.</li>
<li>– Una bomba de Uranio.</li>
<li>– Un Eva.</li>
<li>– Un shinigami que amenazara de muerte a todos aquellas chicas que se nieguen a <span style="text-decoration:line-through;">acostarse</span> salir conmigo.</li>
<li>– Brazos cuatridimensionales invisibles con la habilidad de destruir todo lo que tocan.</li>
<li>– Un robot-gato del futuro que me diera inventos raros para ayudarme a <span style="text-decoration:line-through;">meterme en</span> solucionar mis problemas.</li>
<li>– Un autógrafo de mi mejor amigo: El Marqués de Sade.</li>
</ul>
<p> </p>
<p align="center"><strong>//O//O//O//O//O//O//O//O//</strong></p>
<p align="center"><em>No existen fanfics morales o inmorales, solo fanfics divertidos y aburridos. Eso es todo.</em></p>
<p align="center"><strong>//O//O//O//O//O//O//O//O//</strong></p>
<p><strong>Libros favoritos: </strong>Realmente no han sido muchos los libros que he tenido oportunidad de leer, pero de entre los que he leído, mis favoritos serían: <em>El retrato de Dorian Gray </em>de Oscar Wilde,<em> 1984</em> de George Orwell y <em>El vicio ampliamente recompensado</em> de El Marqués de Sade.</p>
<p> </p>
<p>Otros que he leído son:</p>
<p> </p>
<p><em>Drácula</em> de Bram Stocker.</p>
<p><em>El moderno Prometeo (AKA Frankenstein) </em>de Mary Séller.</p>
<p><em>Rebelión en la granja </em>de Orwell.</p>
<p><em>El príncipe </em>de Maquiavelo.</p>
<p><em>Justine </em>del Marqués de Sade</p>
<p><em>La Iliada </em>de Homero.</p>
<p><em>El anticristo</em> y <em>Así hablaba Zaratustra </em>de Nietzche</p>
<p>Creo que por ahí he leído otros más, pero no los recuerdo xP.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>O//O//O//O//O//O//O//O</strong></p>
<p align="center"><strong>O//O//O//O//O//O//O//O</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center">Ahora una lista de los libros que me gustaría leer y de los que no leería ni aunque me pagasen por leerlos.</p>
<p align="center"> </p>
<ul>
<li><em>Mil años de Soledad</em> (sí, ya sé que son Cien años. ¿Es que no puedo ser gracioso de vez en cuando?) de García Márquez. Me lo han recomendado y como he escuchado cosas muy buenas del autor en los libros de texto y de las personas que lo han leído, pues siento que no debo pasar la oportunidad de conocer su estilo de escritura.</li>
<li><em>Lolita </em>de Navokov. Soy fanático del Lolicon y ni siquiera he podido leerlo (qué looser!!!). Me muero por leer esa novela. Sí, ya sé que puedo leerla bajándomela de Internet, pero prefiero comprar yo mismo una copia de la obra y no leerla hasta ese entonces. Es mi código de ética respecto a la literatura y hablo en serio. Nada se compara con sentir las hojas de esos amigos llamados libros en tus manos.</li>
<li><em>Crepúsculo </em>de Meyer (o como se escriba, no me importa). Esa saga me suena de lo más simplona y hasta me atrevo a decir que es una falta de respeto que, habiendo obras literarias mejores y más profundas, donde quizás los autores de las mismas mueran en la pobreza y nadie le recompense en vida sus aportes a la cultura (así como Van Goh) esta tipa se esté pudriendo en Lana y su basura churro-romántica se le acerque a la gente como lo mejor de lo mejor. Maldita mercadotecnia que hace creer que lo negro es blanco y que sólo se interesa por lo que es superficialmente atractivo para poder hacer dinero.</li>
<li><em>Harry Potter </em>de Rowlling (o como se escriba). Lo mismo que el anterior pero llevado a un nivel aún más indignante y absurdo. ¿La que más dinero ha ganado escribiendo libros? ¿Qué demonios se supone que es lo admirable ahí? ¿Es que por ser la que más le han pagado está por encima de Cervantes, Wilde, Paz, Dovsteosky y Homero?</li>
<li><em>El señor de los anillos</em> de Tolkien. Pues he escuchado muy buenas referencias de esta saga, así que no creo que sea como otras obras faranduleras de Cine. Realmente quisiera leer algo de Tolkien para hacerme de mi propio criterio hacia él.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Eso es todo por el momento, luego actualizaré para dejar mi lista renovada de personajes favoritos —que ya no sólo incluirá a los de manganime— y otras tonteras como los pairings, proyectos de mis fics y esas cosas. Para ver cuales son mis fics favoritos, presiona la tecla larga con una flecha apuntando a la izquierda para volver a fanfiction.netJ.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/fickeranimetrixx.wordpress.com/7/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fickeranimetrixx.wordpress.com&amp;blog=8493756&amp;post=7&amp;subd=fickeranimetrixx&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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